Hay vuelta, pero no “al cole”. Que nadie se engañe. La foto reflejaría el espacio más seguro para un alumno: solo, sin nada más, con algún producto de limpieza. ¡Esto no es la escuela! ¡Aquí no queremos que nadie se meta!

Lo que estamos haciendo, o intentando hacer del mejor modo, es crear una escuela habitable y segura en la que, en medio de la pandemia, los niños aprendan y estén seguros. Siempre preocupa la seguridad de los alumnos, pero nunca antes en semejante grado y extremo.

No volvemos al cole, de verdad. No hay regreso. Ojalá lo haya en algún momento, pero esto es un ejercicio de reconversión y transformación durísimo. Por muchos motivos, que tienen también a las familias desorientadas y pendientes de lo que ocurra día a día con sus hijos, los hijos de otros, los padres de otros, sus propios padres, y todo lo demás. Estamos en estado de “alerta familiar”, como mínimo. Los que somos profesores estamos en “tensión educativo-sanitaria”. Creo que nos define muy bien este orden. La educación sigue siendo lo primero, pero poder ofrecerla irá de la mano de que no ocurra nada grave.

Ojalá no pase. Si pasa, con mi más sincera libertad de palabra, agradecer a profesores y familias y alumnos su responsabilidad y sacrificio. Nadie querrá vérselas en determinadas situaciones. Algunos hablan demasiado a la ligera de todo esto. Se nota que no les ha tocado ser arrollados por la crueldad, se nota que no se han enterado bien de lo que ha pasado más allá de sus puertas. La angustia, es verdad, no solo tiene que ver en estos momentos con lo sanitario. Otras urgencias se están haciendo valer y presionan.

Lo dicho, que no volvemos a la escuela, que no hay regreso a las aulas -sin más-. Ahora bien, la acogida está siendo impresionante. He visto a profesores llorar al encontrarse con sus alumnos en clase. Las ganas son grandes y lo vivimos con pasión, aunque esto no sea “volver al cole”.