Se acumulan las reflexiones. Un evento como el coronavirus COVID-19 sacude la realidad mundial. Por muy grande que sea su impacto, me mantengo en lo esencial: todo se vive en particular, en personal, en lo propio, en sí mismo y en la historia individual. Cada persona vive hoy todo esto “a su modo”. No es lamentable, es que es así. Otra cosa es que lo vivido en propia carne, individualmente, suprima lo demás y los otros. Toda vivencia es personal, lo terrible es que lleve al olvido del otro. Hay ejemplos de todo tipo, y me alegra saber que se pone en valor socialmente, todavía, el bien común.

Lo que está claro es que en momentos clave se producen rupturas esenciales que desbaratan todo. Nuestra comprensión del mundo, todo eso que no es lo cotidiano y confundido con la vida, varía y cambia inesperablemente. Lo de antes es insuficiente (suspende en razones fundamentales), no sustenta ni sostiene (deja a la intemperie de lo que venga), no fundamenta (ni da sentido, deja abandonado). Lo secundario se vive como pasajero y compañía indeseable que, en los instantes definitorios, se calla porque no tiene palabra, se pospone porque se propone siempre como algo que llegará sin saber ni qué ni cómo. Lo secundario, revelado en los momentos esenciales, ha sido el engaño principal de toda la vida: ¿A qué nos hemos dedicado, entregado?

Es asombroso pensar que lo esencial se revela en estos momentos cruciales como el otro. No lo otro, no lo ajeno. Lo otro como implicado en mi vida. La mejor mirada, la grandeza esencial del ser humano es vivir así. Se les llama héroes, con ecos todavía griegos, o santos, con profundidad cristiana. Sin que los héroes sean exactamente santos, ni viceversa. Pero se mantiene la relación, como clave, como llave de comprensión. Relación que comienza en la preocupación por el otro. De ahí que, evocando la relación, se pida incluso no tener relación corporal con otro. Y que toda relación corporal y directa, como es en la familia y, en grado elevado, los sanitarios se perciba como entrega a un mismo tiempo responsable, culpable. ¿Qué les ocurrirá a las personas con las que vivo más directamente?

Lo secundario cuestiona continuamente lo prioritario, lo primero, lo que permanece, sustenta, da fondo y sentido. La quiebra de lo secundario es la pregunta, permanente y sin más intrusión que la vida misma, por lo esencial. Que no es exactamente lo que explica todo para darle sentido y que todo cuadre, sino lo que da acceso a la vida en su complejidad y apertura. Hoy caben tantas vivencias como la mía, de hecho se darán, a poco que reconozca la vida en otros y no solo en mí mismo.

Lo que excede hoy es lo prioritario. Cuando lo secundario se aleja y casi nos abandona, con lo prioritario es difícil vivir. Tan directos a lo esencial, tan centrados en lo importante, tan concentrados en lo decisivo. Vivir así es agotador, por falta de práctica. Pero muy deseable. Todos los que lo han vivido en raíz lo reconocen. Es lo deseable, lo que consideraríamos realmente vivir. El trato con lo verdaderamente importante, alejando cualquier otra “tentación” secundaria, que en el fondo rebaja permanentemente la calidad de la vida.

He leído varias reflexiones estos días. Creo que todas las personas tienen una gran pregunta que resolver, y que no pueden afirmar: ¿Qué sucederá? Es decir, ¿cómo nos encontremos?

A la vuelta de todo esto, sabremos muchas cosas. ¿Qué habremos aprendido de nuestra condición vital?