Me duele escucharlo de los jóvenes (hasta ahora, nunca, ni una sola vez), pero más me preocupa que sean los profesores los que desean que estén sentados y tranquilos, sin vitalidad alguna.

El problema se agrava porque hoy se duermen demasiado tarde. Por mucho que se diga, las familias no hacen ni caso. Los chavales se duermen muy tarde. Se meten en su habitación con cientos de entretenimientos. Se comen sus posibilidades (todo esto devora su descanso, su tiempo, sus oportunidades, su paz) mientras se mira hacia otro lado. Toda preocupación por su educación y formación, es decir por su vida, se desvanece cuando, en muchos casos, dejan de dar problemas y se meten en su habitación para “dejarnos tranquilos”.

En la escuela no podemos (los profesores), hacer nada para que “nos dejen tranquilos”. Salvo usar “la fuerza” una hora y ya veremos la siguiente y la siguiente. “La fuerza” no son técnicas de Jedi que conjuran en universo. “La fuerza” es la nota, en ocasiones el miedo, rara vez la autoridad. Y no digamos, lo separo con punto y seguido, el aprendizaje.

El profesor se sitúa delante de una clase (no de un alumno, por si alguien todavía no lo sabe) con el interés primero de que aprendan. Cuando esto no se da, al menos ser capaces de enseñar. La perversión del sistema es este: el paso del aprendizaje a la enseñanza. Lo primero debería ser lo primero, lo segundo sólo un medio, una responsabilidad, una ocasión, una posibilidad. Al final terminamos hablando más del lo segundo que de lo primero. Pero el objetivo de todo sistema de educación debería ser el aprendizaje y no la enseñanza. Sin embargo, los métodos, metodologías, formación de todo tipo e incluso leyes se dirigen a lo segundo y no a lo primero. Espero el día en que el ministerio de turno se llame de Aprendizaje y no de Educación, para terminar siendo de Enseñanza. Suena mal. Pongo el dedo en la llaga.

Por qué no aprende quien tiene la oportunidad de hacerlo, costeado por todos. Por qué las familias no se involucran decididamente, por qué no sienten como propias (los padres especialmente) las notas de sus hijos. No las notas finales, sin más, sino las indicaciones que se van dando. Por qué no hay corrección en las familias, por qué no orientan su vida hacia sus hijos. Podría parecer una pregunta sin más. No lo es. No carga las tintas sobre las familias. Desde mi perspectiva, solicita su orientación, su compromiso decidido, su decisión y valentía. Juntos, es mi palabra, lidiamos con lo mismo para bien del alumno. Y todo el que no lo entienda, debería ir a un lugar distinto a un colegio, instituto o universidad. Que se funden estos espacios disidentes.

La primera hora con jóvenes es una condena para el aprendizaje. Estarán tranquilos y no se moverán. Pero lo que no se aprenda en esa hora, se deberá aprender después. Tarde o temprano.