La pregunta interesante sería la afirmativa. Pero nos encantan las negaciones. Además, a acontecimiento pasado, todos se vuelven sabios. Tanto alumnos como profesores. Parece que todo el mundo sabía lo que iba a suceder y no hay hueco para sorpresas, que puedan cuestionarnos. Los profesores, porque ya tenemos experiencia y bien sabemos que todo es siempre más de lo mismo. Los alumnos, ya se sabe, son alumnos y su responsabilidad siempre está en otros.

En el párrafo anterior, descubre las ironías.

La pregunta interesante es por qué estudian algunos alumnos. Y por qué algunos estudian tanto, incluso sin necesitar “nota” para lo que quieren hacer. Siempre me ha interrogado lo que busca ese muchacho de 2º ESO que busca sin descanso su mejor nota. Por experiencia, la mayoría tienen un entorno que ha facilitado enormemente la adquisición de ciertos hábitos. Entorno significa preferentemente familia (padres, hermanos…) y clase (compañeros, profesores…), cultura del entorno. Si esto fuera así, sería para pensarlo muy seriamente. Porque sería lo mismo que decir que la escuela no aporta nada relevante a lo que las familias traen con ellas para sus hijos. Es decir, que la escuela sería un sistema al servicio del sistema de clonación de clases. ¿Esto pasa?

Por otro lado, encontramos alumnos que se enganchan y disfrutan aprendiendo, haciendo las cosas bien, dedicándose a sus tareas con gusto. Los he visto. Existen. Esos a los que pides un trabajo sencillo y son capaces de sorprenderte con materiales manofacturados dignos de ser pulidos un poco y publicados. Los hay. No son pocos. Se van apagando, probablemente, con el tiempo y el valor de las notas, unido a que aparecen otros intereses.

Otro grupo de alumnos que estudia mucho son los que tienen metas claras. No siempre lo consiguen. Pero esto es algo que sólo podemos decir después del camino recorrido. Andando descubren sus limitaciones y posibilidades. Reajustan sus metas en el mejor de los casos y ¡adelante! El para qué estudio es una motivación incomparable, que además madura con el tiempo, cuando ya los padres se convierten en agentes de control molestos. Estos siguen ahí, independientemente del entorno. Recuerdo aquí a más de uno que quería ser médico, profesor de tantas cosas, empresario de éxito, trabajador social…

Un último grupo de alumnos que estudian mucho son los que tienen grandes capacidades. Los hay que sí, los hay que no. No es homogéneo. De hecho, probablemente me haya encontrado muchos más alumnos con buenas capacidades que no estudian nada que los que sí. Sobre todo en Secundaria, que es esa etapa en la que se debería aprender a estudiar en serio y ajustar buenos métodos, y sin embargo existe una tendencia generalizada a abandonar casi todo y acomodarse a los recientes privilegios de la adolescencia que tanto incomoda a las familias. Resumiendo, que esto de estudiar no va tan vinculado a las capacidades como pueda parecer desde fuera. No estudian “los genéticamente listos”, sino los que se vuelven humanamente inteligentes y comprometidos con algo concreto: sus padres, sus profesores, su prestigio y honor, su futuro, su estima, sus amigos… ¡tantas cosas!

Me he divertido mucho, a estas horas de la noche, escribiendo esto. A toro pasado, todos saben, todos lo ven venir. Pero más cierto que esto es que a esos jóvenes que están en edad de estudiar les queda futuro por delante. Y vaya usted a saber en qué terminará toda su historia. Estudiar es el primer paso importante; muy importante, de hecho. Quedan no pocos por dar.

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