Vivo con preocupación el mundo que me rodea. O yo me voy haciendo más prudente con los años o crece el extremismo de todo signo. Quizá lo primero no niegue lo segundo. Quizá este momento de la historia de la humanidad que me ha tocado no sea ni único ni particularmente relevante. Lo verán otros.

Ahora bien, tengo muy claro que lo radical llama a otro radical. Es la dialéctica torpe de la historia, que como análisis sirve para confirmar, no el avance de la humanidad sino su propia estupidez. Algunos progresos que vivimos, que son justificados por muchos en forma de lucha y conflicto, no hacen más que perpetuar la estupidez. Insisto, la dialéctica es la estupidez misma que utiliza la confrontación y aboca al extremismo, eludiendo lo que Aristóteles ya formuló en su famoso “término medio”, que todos sabemos que es vitalmente socrático.

Me pregunto por qué ante la disconformidad, siempre surgen los enfrentamientos que generan enemigos y no, usando los fundamentos mismos de la democracia, los intereses comunes como aproximación entre disfluentes. Me pregunto por qué la historia parece girar, o así la han contado, de la mano de la oposición (y nuevas oposiciones al sistema) y no de la conjunción, que en principio es humanamente más accesible y pacífica. El “y” frente al histórico “o”. Es más, si en la vida más cotidiana de las personas más cotidianas en su círculo de amistad surge con más preeminencia el “y”, por qué en lo general y macro-no-sé-qué prevalece con tanto orgullo y soberbia el “o”.

No cito a nadie, tengo presente a muchos.

La cuestión política definitiva es que hubiésemos optado como sociedad y humanidad pensando no en mí mismo en exclusiva, sino en también en los otros. El “también” implica el “y”. Es decir, no sólo para mí mismo, sino para otros. Cuanto más grande sea el “y” del que soy capaz, a mi modo de ver más democrática y consistente humanamente sería mi opción. El “y” es la propuesta más elevada de respeto a mi propia singularidad y la presencia continua del otro en mi vida.

Dicho lo cual, sólo queda apelar a la conciencia formada de cada uno. Y pienso cristianamente que “formada” significa ampliada a lo infinito, responsabilidad absoluta.

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