Es una expresión, nada más. Pero revela algo interesante. Quizá sólo los que lo han vivido (hemos vivido) sabemos de qué hablando en cierto sentido. Y mientras otros juegan a la ligera con la “frasecita” a otros duele escucharla tan alegremente.

Encontrar fondo, tocar fondo significa que no hay más camino por recorrer, que todo queda agotado. Se suele añadir “en la vida”, porque es verdad que va la vida en ello. Si no fuera así, si se tratara de alguna otra cosa (o incluso, de alguna otra persona), quizá se seguiría alegremente. Pero cuando le toca a uno en primera persona y ve que todo se acaba, así sin más, todo se torna desesperación y desánimo. Cuando se toca fondo, se reconoce que fuera de mí hay un obstáculo tal que me impide vivir, seguir con normalidad.

La descripción es atroz. No entraré en ella.

El lenguaje aquí nos cuenta algo importante: la vida es sin fondo, carece de límite, se vive “a fondo perdido”… Siempre en la misma línea y sentido, camino del Misterio, pero ya como Misterio presente y actuante. Cuando falta este Misterio, que algunos llaman de muchas maneras, se pierde todo horizonte, sentido y esperanza.

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