Llegan los Magos de Oriente, no sin polémica, como siempre. Me gustan los regalos, y (teóricamente) mucho menos el consumismo. Lo pongo “entreparéntesis” por prudencia, porque cada día pienso más que si nos oponemos furiosamente a algo es porque ya lo llevamos dentro. Consumir tiene algo de felicidad. Gasta y compra quien puede, porque tiene algo que gastar y algo en lo que consumirlo. Además da cierto poder, va unido a un cierto prestigio y nivel.

Hace unos años leí un libro de Julián Marías sobre la ilusión. Nunca seré objetivo con este discípulo de Ortega. Es el primer filósofo con el que he tratado. Cuando tenía yo 17 años escuché una de sus conferencias, para el enésima y quizá nada especial, pero para mí fue la primera. No leyó nada, sacaba de dentro con maestría cada palabra e idea, mientras yo intentaba hacerme cargo de todo aquello. Un viejo frente a un joven. Y por primera vez en mi vida reflexioné sobre la diferencia de edad y el acumulado de experiencia. Aquel hombre había leído (y entendido, quizá) lo que yo jamás viviré y leeré, aunque entonces deseé hacerlo.

Lo traigo a colación de estos días de regalos. A mí sólo me hacen ilusión, en el particular sentido que tiene en español, cuatro de ellos. El primero, el que sorprende porque nunca había pensado en él pero encaja mucho conmigo. El segundo, el que viene del reconocimiento de mi propia vida; tanto de cómo vivo, como de cómo debo vivir. El tercero, de la proximidad. Nunca haré pregunta alguna sobre el regalo de los más cercanos. Nunca lo he hecho. Aún en el caso de que yo no entienda el regalo, quien vive junto a mí sabe en no pocas ocasiones más que yo mismo sobre mí mismo. El cuarto, y último, el del desconocido. Porque quien es ajeno a la obligación de regalar, quien no tiene compromiso alguno con el don, siempre deja sin palabras. El mismo regalo es una pura pregunta sobre el porqué de eso que estás viviendo.

Ilusión. Os invito a leer el libro de Julián Marías. Es breve, sencillo, domina la palabra. No es de los filósofos que se enrollan incomprensiblemente.  Sirva este post de regalo inesperado.

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