Cuando se vincula religión y violencia, y se añade además que la causa es la incapacidad de estas para la inclusividad y el diálogo porque se presentan como absolutas poseedoras de la única verdad, lo que en el fondo se quiere decir es que una religión que se tenga por tal debe excluir todo lo demás que haya fuera de ella. Pero no es así. Esta torpe manera de comprender la religión no la vincula con la razón, sino con la insuficiencia de razones. Y es aquí donde surge la violencia, no en la razón sino en la carencia de la misma.

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