Culpamos a nuestros padres de habernos dejado holgar a nuestro gusto

Así comienza el diálogo platónico “Laques”, en voz de Lisímico. Que no quiere caer en los errores de sus padres y ahora anda preocupado por la educación (específicamente si deben o no aprender el arte de la guerra, el de las armas) de sus hijos. Por eso acude en busca de ayuda. Aunque no a Sócrates directamente, sino a otros allí igualmente presentes, si bien al final termina inmiscuido en la conversación y le da un giro brutal a golpe de preguntas.

No es poco reconocer la responsabilidad de educar a los hijos. Pero estos hombres, a lo largo de sus propias palabras y discursos, no se preocupan tanto de sus hijos sino de otro tipo de grandezas que admiran. Insisto, se olvidan del muchacho, que pasa a un segundo plano sin importancia frente a otros prestigios.

Necesitamos alguien así, que nos líe, que nos demuestre lo poco que sabemos frente a lo mucho que creemos saber. Necesitamos más Sócrates ignorantes, no furiosos y mucho menos locos, sino sensatos, prudentes y con tiempo suficiente para descansar dialogando. Necesitamos más Sócrates irónicos, cuyas preguntas impacten y se rían de todo aquello de lo que tengan que reírse, porque en el fondo no es más que ridículo ir por el mundo sin temblar.

Y ya que el Laques culmina sin una única respuesta, que consolaría aún más a todo ignorante, sigamos adelante preguntándonos sobre lo que no sabemos y viviendo en una búsqueda permanente.

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