La terrible distancia de las redes sociales

Las redes sociales han acercado a quien ha querido acercarse, o a quien ha sido obligado a escuchar lo que no conocía. Pero también existe la terrible situación en la que unos y otros se han visto alejados, de modo que se habla sin conocer a la persona en concreto, sin haber palpado su situación. Esta carencia, de modo irrefutable, se convierte en maldad digital. Pues unos hablan sin despecho de aquello que realmente no conocen.

Agradezco a José María Olaizola este último vídeo, en el que apunta esta cuestión casi al final.

Por un lado, acercan. De verdad que acercan. Y quien quiera aproximarse a los demás tiene en sus manos la posibilidad de hacerlo, o la obligación moral de conocer al otro.

Por otro, las actitudes que comúnmente criticamos como exceso de lo digital ponen de manifiesto que hay una carencia real y radical en la vivencia de las redes. En otros lugares la he formulado como el conformismo con los semejantes. Que a la postre encierra en una especie de burbuja en el que se escucha (y hace eco) de una postura unilateral tendente a la radicalización.

Añadiría, a lo que pone de manifiesto el vídeo, que gran parte de esa maligna distancia proviene de la sensación de anonimato o de no ser visto y escuchado de forma real. En las redes, diría yo, se escribe no siempre para alguien concreto y no pocas veces para llamar la atención, ser más que otros en la crítica o ganar popularidad. Esa intención perversa no solo pone distancia en relación al tema sino a las personas de las que se habla.

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