Corregir lo deshumanizante de toda tecnología

Que la tecnología acerca, aproxima y nos da la oportunidad de conocernos, es indiscutible. Al menos como posibilidad. Toda la red es hoy una gran red social, todo tiende a vincular de un modo u otro. Pero también se produce un fenómeno -no extraño a estas alturas- de conexión (y desconexión), de suspensión de una conversación por atender simultáneamente a otras, prescindiendo de la atención que necesita una buena conversación, y elimina en cierto modo el rostro humano sustituyéndolo por un perfil. Muchos han criticado en bloque las tecnologías por estos motivos, otros han criticado a la crítica sin aprender quizá todo lo que señala.

El gran problema de esto que llamo “lo deshumanizante” es que nace de la propia persona, cuando renuncia de algún modo a lo que es y a quién es el otro ante el cual está (a distancia). Siempre pensé que una cierta distancia ayuda en muchos casos, porque nos permite ver más enteros. Pero una distancia excesiva sabemos ya en qué queda, en nulidad, en ennadamiento del otro, en puro nihilismo, del cual soy responsable en todo momento. Una pantalla, dicho de otro modo, no puede ser responsable de que yo pierda mi propia humanidad, pase lo que pase, sea lo que sea, pero mucho más y con mayor seriedad tanto en cuanto estoy delante de alguien, con alguien, ante alguien. ¡No algo! ¡Ni yo soy un teclado o un ratón, ni tampoco lo que leo es simplemente “lo que” leo!

A mi modo de ver, lo necesario es invertir tiempo y esfuerzo en desarrollar correctores protejan de esta tendencia, si no queremos que se conviertan pronto en motivos de pérdida de humanidad en la propia humanidad encargada de dirigir las tecnologías. Lo contrario es dar carta blanca a una forma de maldad que nos va haciendo perder lo más valioso que cualquier persona tiene: su propia humanidad. Descuidarlo, sin la suficiente y necesaria atención, es un mal en toda regla.

Humanizar la red significa aprender un lenguaje nuevo, en el que las palabras escritas pierden indiscutiblemente en el complejo valor que porta la conversación cara a cara con el amigo. Humanizar es escuchar con atención, hablar con intención de dialogar, no dejarse llevar por primeras impresiones, leer con buenas artes. Se puede compartir mucho, sin lugar a dudas, pero no se puede obviar la situación comunicativa en la que se encontrará el oyente, el lector. De lo contrario, todo será tergiversado y sufrirá tantos sesgos que muchos dudarán hasta de lo que escribieron. Existe una indudable responsabilidad y deber en quien escribe, muy grande sin duda alguna, pero también el oyente, con su escuchar textos y pensar en personas, tiene obligaciones indiscutibles.

En el fondo, pienso yo, la red viene a exigirnos una mejor humanidad. De lo contrario, quien domina se transformará en dominado, sea quien escribe o graba, sea quien lee o recibe. Disminuir al máximo la unidireccionalidad, dando el primer paso para entrar en la conversación, es decir, el segundo. ¡Qué importante es el segundo momento de la conversación, que proviene después de la primera escucha! Haciéndose encuentro en definitiva, el encontradizo y disponible que revela que es una persona y no un robot, ofreciendo no dos oportunidades sino tantas como sea posible hasta hacerse entender y estar seguros de que estamos escuchando.

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