Sobre el origen de la religión (2)

Un problema de todo tiempo está en el punto social de partida. No es algo tan nuevo como pensamos, ni tan imposible. Aunque sí exigente. Cualquier persona que se enfrenta a esta cuestión encuentra respuestas tan inmediatas como insuficientes. Lo vivido -e insisto en que detrás del origen de la religión hay algo positivo, un acontecimiento auténticamente vivido – en un primer momento es muy personal, carecemos de las palabras adecuadas para nombrarlo y echamos mano de lo que a partir de entonces serán símbolos, portadores del sentido en tanto que custodian la experiencia.

En este punto de partida hoy encontramos cómo la pregunta sobre lo trascendente, lo absoluto, Dios no puede ser acallada de ningún modo. Y esto es así en la medida en que la persona misma profundiza, se aleja de su propia superficie y la superficialidad del mundo. Lo cual es tan válido para el que se dice creyente desde pequeño, como aquel que se cree a sí mismo ateo, al margen de toda esta cuestión. Ambos comparten la necesidad de vivir lo que dicen y examinarse a sí mismos, mucho antes que justificar racionalmente su punto de partida. Es más, si optasen por justificarse, buscando argumentos y razones, lo que estarían haciendo sería abocar su propia vida a una trinchera, y de algún modo están diciendo que lo que pretenden es olvidarse de si hay alguna verdad, algún bien que merezca la pena ser alcanzado.

Decía en el post anterior que el origen de la religión se sitúa en un acontecimiento vivido personalmente. Cuestionándolo e intentando refutarlo hay posiciones que expresan que más bien la religión es un fenómeno de huida, un modo de aplacarse imaginativamente, cuya única ruptura se produce con la realidad. Nace así una forma de ateísmo antropológico, que lo que cuestiona que la persona en origen haya vivido algo y no más bien la nada, y se haya creado una imagen de algo, que a la postre se ha separado de sí mismo, ha adquirido autonomía y la persona se ha visto sometida al engaño que engendró. Reduzco mucho la cuestión, pero queda al menos enunciada de este modo. Pero considero que esta postura se ve insuficiente al aplicarlo a todo el fenómeno religioso, y especialmente al origen. Diría más bien que este proceso de ruptura con la realidad puede darse, taparse bajo un fenómeno religioso ya creado, en el que la persona asume rápida e impropiamente algo existente para cubrir sus propias vergüenzas o necesidades siendo incapaz de mirarlas a la cara y ahondar en ellas.

Por el contrario, dudo que en el auténtico origen de la religión se dé este inicio creativo e imaginativo hasta el punto de partir de nada. Antes bien, pienso que lo que realmente se da es el encuentro con algo, con otra realidad mayor probablemente no vista suficientemente antes o no contemplada con igual radicalidad. Lo engloba todo y lo absorbe todo, es totalizante e indivualizante al mismo tiempo. El encuentro es tal que provoca la crisis, en el mejor sentido de la palabra, sobre lo antes vivido y ofrece a cambio casi tanta plenitud como una cierta soledad en el mundo, no exenta de una angustia perpleja y sufrida. La lectura de textos antiguos no hablan, ni de lejos, de soluciones fáciles y finales, ni sacan a nadie de la realidad aunque sí se sienta una salida del mundo tal y como antes era conocido. Antes bien, y digo esto porque considero que aquí hay algo muy serio que se debe decir con la máxima fuerza posible, se vuelve la mirada, la razón y la vida de la persona hacia la Vida mayúscula, con la herida clavada en el interior de una plenitud posible en todo orden. Aquella reflexión sobre lo que hace imposible la plenitud vendrá después, mucho después y tras mucho sufrimiento de estas personas auténticamente religiosas en el mundo.

A considerar siquiera la posibilidad se cerrará tanto el extremo de la militancia, en cualquiera de sus partes, por tener ya una ideología asumida, como aquel que desde lo religioso se considere a sí mismo mero poseedor de la verdad. Sé que ocurrirá. Ambos tienen en su contra el punto de partida, porque a ambos les apremia más justificarse y defenderse que dialogar. Pero no es un fenómeno tan nuevo como nos pensamos. Ya hubo durante mucho tiempo guerras entre personas que creyendo portar y defender dioses, lo que realmente alzaban son sus símbolos no eran más que ídolos pobres y caducos, incapaces de ver, sentir, hacerse presente en el mundo más allá de sus pobres e ingenuos esclavos.

(Continuará)

Anuncios

Un comentario sobre “Sobre el origen de la religión (2)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s