Implicación del profesor en clase

Implicación” es una de esas grandes palabras del mundo educativo. Junto a otras, sin oponer ni contraponer con ninguna, complementando muchas, pero se escucha poco por lo general. Tan poco, siendo tan necesaria, que ayer mientras hablaba con  una compañera me sonó casi nueva. Y creo que no debiera perderse, mucho menos cambiarse por otras más impactantes.

Tengo muchos amigos que se dedican a educación y con quienes hablo con frecuencia. De todos debería aprender, y sería tonto si no lo hiciera. De algunos muy especialmente. Cada diálogo de estos, con atención, cuenta, suma…

La etimología de la palabra es muy interesante. Hace alusión a algo que hay, pero permanece oculto; “está implicado”. A mí me evoca una forma de presencia particular.

  1. Implicación es aprenderse los nombres de los alumnos. Un básico, pero cuesta lo suyo. Especialmente a desmemoriados como yo. Un esfuerzo necesario. Cuando yo era alumno el primer día de clase los profesores nos pedían una foto para sus agendas analógicas. Yo mismo recuerdo empezar así y estudiar caras y nombres.
  2. Implicación es conocer a los alumnos. Ya no sólo por sus nombres, sino por su historia e historial, su vida, su situación, sus motivaciones. En esto hay profesores excelentes que profundizan con detalle y saben acompañar con prudencia. Su magia consiste en prestar atención, saber escuchar, estar disponibles. Los alumnos saben perfectamente quiénes son.
  3. Implicación es conocer lo mejor de nuestros alumnos. Ya no sólo su historia, sino saber mirar (y decirles de un modo y otro) lo valiosos que son. Algunos, por desgracia, encuentran en el docente ese aliento necesario para estimarse adecuada y sanamente, reconocerse y atreverse a profundizar en sí mismos. Toda generación que llega al mundo ha sufrido, de la forma que sea, la crítica no pocas veces ácida de sus mayores y el impulso de unos cuantos que han sabido leer la historia de otro modo. Es probable que las dos sean necesarias, siempre y cuando ambas estén presentes en la vida de los jóvenes.
  4. Implicación es construir relaciones. Sigo pensando que antes, o como mínimo a la par, de crear entornos virtuales de aprendizaje, hay que fortalecer vínculos analógicos de convivencia. La reflexión sobre el ambiente y entorno educativo, impulsada por la pedagogía sistémica y contextual, me parece que da en el clavo de muchos de nuestros fracasos educativos generalizados. Un ambiente en clase de colaboración fortalece a cada alumno particular tanto cuando ayuda como cuando es ayudado.
  5. Implicación es dominar la materia. Sentir pasión por ella, por lo que explicamos en clase, por el mundo en el que introducimos al alumno. Y comunicarlo, por tanto, con esa pasión sin perder energía, adoptando metodologías adecuadas que nos permitan ser quienes somos y conecten con los alumnos. Cada maestrillo tiene su librillo, porque existe esta diversidad de pasiones y voluntades que también conviene atender y valorar.
  6. Implicación es paciencia y comprensión. Los alumnos de ciertos centros son cariñosos por ósmosis y valoran lo que se hace por ellos casi de forma natural. Porque se lo han contagiado sus propios maestros y profesores. Y respecto a lo académico, son estos profesores los que saben ir con pausa (siempre que el dichoso sistema lo permite), es decir paso a paso, repitiendo, aclarando, repitiendo de otra manera, aclarando con nuevos ejemplos… ¡Menuda tarea! Es algo así como reaprender la materia con cada alumno.
  7. Implicación es distancia. Me refiero con esto a la prudente distancia que hay que saber respetar, frente a la invasión o intromisión en vidas ajenas, o el deseo de sobreprotección para que no tropiecen jamás. Respeto fundamental, no juicio sobre sus vidas. Colaborar con ellos, sobre todo estando disponibles. Cierto es que siempre gustamos y disfrutamos cuando se da un vínculo especial con los alumnos en determinadas clases, en las que participan y están como queriendo más, pero qué ocurre cuando no se produce. En ocasiones hago una pregunta en clase y no hay respuesta. Su silencio también debe ser trabajado y respetado.
  8. Implicación es tiempo y tiempos. Hablar de tiempo en el mundo educativo a muchos les suena a horarios, clases y más clases. Sin ver, en ocasiones, el conjunto. El tiempo que pasamos con los chavales son años de sus vidas, y muy especiales. Época de crecimiento, descubrimiento, conflictos, búsquedas… ¡Cuánto tiempo dedicamos a los alumnos, dentro y fuera de las clases! Un tiempo maravilloso, por lo especial que es, se produce en los pasillos y entre clase y clase, dilatándose enormemente. Son tiempos de intensidad, al modo de ciertos “kairoi” (qué pedante, pero qué significativo en mi colegio).
  9. Implicación es lo que hace posible muchos “-ción” educativos. Por ejemplo, innovación. Sin lo primero, más básico y elemental, no se da lo segundo. Van de la mano, se sostienen mutuamente. Creo sinceramente que no cabe conocer bien a los alumnos, estar situados en la sociedad actual, y no percibir una impresiona necesidad de cambio en educación.
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