Todos los profesores decís lo mismo, y luego…

Frase real de esta misma mañana de un alumno real de 4ºESO, muy sincera y libre. Lo que más valoro es esto último, porque significa que comenzamos con buen pie. Nunca antes lo había tenido en clase, aunque ya me sé su nombre y apellidos. Lo digo en tono muy positivo.

La cuestión es que estoy todavía conociendo las clases, a los alumnos de las clases. Y por lo tanto les presento cómo será la asignatura durante el año, los contenidos básicos, la metodología y los criterios de evaluación. Y aquí viene la cuestión. Lo que yo propongo es un espacio de diálogo, de reflexión, que sea interesante y útil, muy útil para la vida. Tocaremos, sin duda alguna, cuestiones de calado universal, que a buen seguro les inquietarán, si no están llamando ya a sus puertas ya con lo acelerados que van algunos.

Hablando yo de estas cuestiones, llegó la gran frase: “Todos los profesores decís el primer día lo mismo, y luego…” Efectivamente, detrás de esta frase hay mucha tela que cortar. Aquí el amigo lo que está diciendo es, básicamente, que los profesores somos unos falsos, que luego todo se tuerce, que hablamos de diálogo pero nos convertimos en unos déspotas. Yo, que soy todavía un profesor ensoñador y un tanto idealista, he quedado desarmado y un tanto entristecido.

Sigamos, que la cosa no queda aquí, sino que se vuelve aún más interesante. Le he preguntado, para que siguiera expresándose, por qué decía eso. Y el meollo de la cuestión era lo que él creía estar escuchando en mi presentación. Pensaba que estaba proponiendo una asignatura divertida, en la que “pasárselo bien“. ¡Aquí está el error! ¡En ningún momento dije tal cosa, ni lo pienso aunque pueda darse, sino que hablo de un “ir a la escuela” y un “aprender” que sea fructífero e interesante, que despierte algo por dentro, que mueva o remueva, que obligue -sí, obligar e incluso forzar- el pensamiento y el diálogo, la búsqueda y los argumentos! ¡Igual que una buena conversación con un buen amigo, cuando hay algo de lo que hablar!

  • Confundir diversión continua, con interés. Conectando con lo que somos, con lo que vivimos, con la actualidad. La escuela no es, por mucho que para algunos así funcione, el lugar donde entretener unas horas a los más pequeños esperando pacientemente a que se hagan adultos.
  • No hay educación ni aprendizaje sin esfuerzo. Lo sabe cualquier persona seria a quien se le pregunte, incluidos sus propios padres. Se aprende usando la voluntad, queriendo pese a las distracciones. Nadie dijo -salvo los anuncios publicitarios- que esto se pueda lograr de otro modo.
  • El alumno debe poner de su parte. Lo de siempre, que la responsabilidad resulta que suele ser de otros, que los profesores debemos hacer esto o aquello… Conozco cientos de profesores a los que les encantaría enseñar más de lo que enseñan, y hacer las cosas de otro modo, pero se quedan en los márgenes porque los alumnos no ponen de su parte. ¡Y esto es serio!
  • ¡Está tu vida en juego! Es lo que me encantaría que supiese ya, al menos eso. Pero no somos creíbles. Piensan que estudiar no vale para nada, con el argumento de la “fuga de cerebros”, y no hay forma de desmontarlo. Estudiar, liberarse de la ignorancia, ser libres buscando la verdad, conocer para mejorar el mundo, saber escoger el bien y lo mejor, lo justo… ¡Es la vida la que está en juego! Es una lástima, al menos así lo siento, que no noten la urgencia o no sientan su necesidad.
  • Asumo su crítica, acepto el reto. Creo, insisto, que pese a la confusión en sus términos de fondo hay una crítica muy potente al sistema. Quizá la haya escuchado, sin mayor profundidad, y hoy sencillamente la reproduce acríticamente. Pero pulula en el ambiente esto precisamente: la falta de credibilidad de la educación en la construcción de la persona, en su significatividad, y este peso recae sobre los profesores, que son quienes están en primera línea en esta batalla. Lo que yo necesito es, como he dicho antes, que cada uno ponga su parte. Pero estas palabras han conseguido que yo no quiera entrar en esa clase de cualquier modo, ni con cualquier cosa. ¡Qué bueno ha sido escuchar a este alumno!

El “pasárselo bien” de la escuela no puede confundirse con estar de fiesta, de vacaciones o tomando algo por ahí. Pero sí que, ojalá, se parezca a la conversación sincera y abierta entre amigos, que gustan tratar sus cosas para ayudarse mutuamente y hacerse bien.

joseferjuan

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