Este año haré alguna incursión en este asunto grabando algo. Ya rondo diversas opciones para lanzarme a este mundo. Pero me encuentro una y otra vez ante un problema irresoluble: mis clases no se pueden grabar, es imposible anticiparlas. A lo sumo, intentaría hacer una pobre exposición del tema, carente de significado por ausencia de diálogo. En mis clases es esencial ese intercambio que nos lleva a hacer camino juntos, puesto sin él sería todo absolutamente distinto. Cierto que hay partes de todo un poco, pero sin comunicación, interacción, reflexión común, salir al hilo de esto o aquello, relacionarlo con la vida y el mundo… no sería lo que son. Dicho de otro modo, un espectador en mis clases lo estropearía todo.

Este punto de partida me viene muy bien para considerar qué lo nuclear.  Mejor dicho, qué quiero y busco que sea lo nuclear, aunque no siempre se dé. Porque asumo que si el diálogo es central, no puedo tampoco diseñar nada en casa que me asegure que en clase se dará. Entro en el aula desprovisto de certezas, con una confianza enorme en mis alumnos, y en que ellos, pese a lo que se diga de forma general de su generación, están deseosos de aprender, preguntarse, interrogarse y buscar unas primeras respuestas para seguir su camino; por supuesto, otro camino distinto al mío.

  1. El alumno. Hace poco que soy profesor, a penas unos años, y quizá sea eso lo que muchos esgriman en relación a mi esperanza. Pero veo compañeros mayores que comparten esta mirada. Los jóvenes viven con intensidad su época y todos quieren aprender. De hecho, saben muchas cosas en las edades que me muevo. Han adquirido conocimientos y destrezas difíciles de enseñar, y están ahí continuando su camino. Por lo general los veo abiertos, dispuestos a seguir adelante, sin conformarse con lo que ya saben. ¡Hay que confiar en ellos, saber ver su riqueza y potencial! Cada uno, además, trae su mundo de experiencias y vivencias incorporado. Pero les falta mundo, están todavía entrando en él por primera vez (y lo saben), y en este sentido son genuinos.
  2. El profesor. Imagino al profesor como un agente cualificado dentro del aula. Su autoridad proviene de quien se la entrega y no siempre por el mismo motivo. No diría que es uno más -ni jamás lo he pensado-, tampoco un medio instrumentalizable. Entre los agentes del aula, sobre el profesor recae la máxima responsabilidad del movimiento que se produzca en ella; en principio al menos. No en vano hay unos objetivos, elige una metodología, evalúa al final del itinerario.
  3. El intercambio. Este es el aprendizaje: lo que hay en medio entre profesor y alumnos. Algunos creen que sólo el alumno se enfrenta al aprendizaje y que el profesor parte de saberlo ya todo. Pero es un error excesivamente ingenuo. El profesor se sitúa, al menos yo, ante el aprendizaje queriendo aprender y preguntándome cómo se hace eso, para que mis alumnos a su vez lo tengan más fácil. De ahí que sea esencial la comunicación, la interacción, la relación mutua entre todos. Además, no creo que sólo el alumno deba aprender del profesor, sino de todos los que están en clase.
  4. El entorno. Cada vez me preocupa más lo que rodea a la escuela y al aula. La expresión “entornos de aprendizaje” referidos a lo virtual o digital me parecen enormemente reductores. En este lenguaje la palabra “entorno” se refiere sólo al aula y al conocimiento, dejando fuera de ella familia, sociedad, mundo, incluso el resto del colegio. Un auténtico planteamiento sobre los entornos -plurales- de aprendizaje nos llevaría a entender mucho mejor la relación de la escuela con la mejora de la sociedad y del mundo. Pero de partida, nos situamos en minoría y con mucha precariedad.

Nos vemos en Twitter: @josefer_juan y seguimos intercambiando. Cuando abra un canal, si ese día llega, ya te avisaré.

Si te gustan estos post, puedes suscribirte por email. En tu móvil estará más abajo, en el ordenador a tu derecha.

Anuncios