Democracismo

Comenzamos definiendo “democracismo“: exageración de los principios democráticos, sin atender a las limitaciones del sistema. La persona que abraza esta forma de vida e ideas sería llamada “democracista”.

Hoy pensaba que me había inventado una nueva palabra, hasta que he preguntado a Google y me he dado cuenta de que hay cientos de entradas al respecto. Por un lado he sentido lástima al perder esta oportunidad, por otro me he alegrado de no ser el único que percibe que hay algo aquí que no funciona. Dicho sea de paso no he leído ninguna de las entradas referidas ni me he detenido a pensar lo que otros han dicho. Simplemente he seguido adelante con mi idea, la de la exageración democrática, la del endiosamiento de ciertas formas de vida.

Todo esto surge porque percibo un viraje que escapa de los totalitarismos, pero tan  radical que vuelve a caer en ellos de otra forma. Si a los siglos XIX-XX les correspondió padecer la lacra de los nacionalismos -que algunos se empeñan en conservar desfiguradamente para mantener una ideología de manipulación y adoctrinamiento de  masas- a nuestra época viene a atribuirse la exaltación de un diálogo sin contenido y puramente formal, una mentalidad de acuerdos insulsa e irrespetuosa con la verdad, con el bien, con la justicia.

Mi referencia democrática siempre estará en Atenas, en la clásica. Que con sus avatares continúa enseñando sobre fortalezas y límites. Y hace falta reflexionar arduamente sobre las carencias para mantener a buen recaudo su esencia.

  1. El descubrimiento de los asuntos que afectan a todos. Y vuelvo una y otra vez sobre este punto crucial porque no se reflexiona suficientemente sobre ello. Que no se puede concebir que cultura individualista de a luz una democracia fuerte. Que el individualismo sólo puede derivar en el uso particular de los bienes comunes, pero no en su cuidado. Que pienso que este es el gran mal que asola nuestra convivencia, origen de toda corrupción y desafección.
  2. La mayoría no siempre tiene la razón, como tampoco las minorías se equivocan siempre. Pero aquí lo esencial es, y seguirá siendo, la capacidad de decisión otorgada a todas las personas sin discriminación, que por tanto deben sentir la responsabilidad de elegir sin conformarse con cualquier cosa para dirigir a buen puerto la sociedad.
  3. No se trata de opiniones y de hablar mucho, porque se deriva en demagogias y el auge de los sofistas, sino de la búsqueda firme de la verdad y el bien. Lo resumimos en pensar y reflexionar, más que en engullir información con frecuencia además sesgada. Escuchar intensamente, estudiar con ahínco. Algo que no se puede hacer sino con humildad, sin identificarse con ella del todo nunca. Los que opinan han llegado ya al final de su camino. El que busca, busca siempre.
  4. Vivimos en sociedad (juntos) no porque es lo que hay, sino asumiendo el reto y bondad de la convivencia y la diversidad. Construimos cultura. Aceptar por tanto con agrado esta situación e implicarse. Participar activamente no es sino esto, querer vivir con otros. Por eso construir ciudades, respetar las leyes y reflexionar sobre ellas, estar al día de las noticias por mucho más que curiosidad y aburrimiento.

Todo lo demás lo resumo en eso, en democracismos baratos, que tienen más miedo a las dictaduras pasadas y a las barbaries conocidas, que opciones humanas y racionales.

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