5 sentidos y un blog

El blog es un fenómeno digital esencial en muchos aspectos. Tiene una función clara en relación a crear un espacio para un proyecto, que ha sabido adaptarse a múltiples cambios, convirtiéndose en una red social al tiempo que llegaban y gestionando una amplia comunidad de usuarios.

Escribir es una tarea que requiere los cinco sentidos y que, en su caso, también lo comunica a quien lo lee. Al menos los grandes escritores. Esta tarea resulta ardua y compleja la mayor parte de días y sería simplón decir lo contrario. Pues quien ha llegado a redactar con una cierta soltura tiene a sus espaldas probablemente miles de horas de prueba. Sólo un puñado de genios puede prescindir de ello y lo vive como connatural. Los mortales tienen otras armas. 

  1. VER. Necesitamos asomarnos al mundo de alguna manera. El blog además de ser una ventana se nutre de una perspectiva particular. Cuando nos acercamos a uno de estos cuadernos conviene también preguntarse cómo ve el mundo, con qué amplitud, desde qué perspectiva. Qué muestra y qué oculta, por decirlo de algún modo. Pero indiscutiblemente queda ahí como espacio privilegiado deudor sin duda de su historia concreta.
  2. OÍR. Está al servicio de la palabra, allí donde habitualmente las imágenes son incapaces de llegar. La escucha da un sentido mucho más profundo a la vida humana, que quedaría muy mermada si sólo viviésemos de imágenes. La palabra comporta una realidad distinta, más del misterio y del respeto. Ya no se trata simplemente de escuchar palabras de otros, sino que el ejercicio del blog requiere mostrar, de algún modo, la capacidad de escucharse a uno mismo, de interpretar y traducir con palabras, no pocas veces insuficientes y un tanto torpes, la realidad que se vive, lo que se proyecta en el futuro, lo que estuvo y ya no está. Este particular servicio a la palabra ahonda en la realidad, habita en ella, y quiere dejar constancia de ello para sí y para otros. La riqueza de estas palabras es lo que hará del blog un espacio valioso, pues que sea comprendido para otros es sinónimo ya de un primer tiempo de diálogo.
  3. GUSTAR. Está al servicio del disfrute. Da gusto leer algunos de estos cuadernos y notas, como también sentarse y escribir dejándose llevar, reflexionando y esforzándose. No todos los días se siente el mismo empuje. Quien empieza un blog (y lo continúa) es porque tiene una pasión de la que quiere que otros gusten igualmente. Pero respecto al gusto, conviene indicar que en torno al blog se suelen reunir paladares similares, crea por tanto unas relaciones que en muchos casos también reflejan una comunidad, banquete o simposium. El lector, conviene no olvidarlo, se puede dar a conocer y entablar relaciones con otros que también gozan y se alimentan de lo mismo. Perderse eso es no gustar del todo lo que sucede en el blog. Ya no sólo hay que leer, sino seguir compartiendo. A una entrada le suceden comentarios y diálogos, encuentros y discusiones.
  4. TOCAR. Una inquietud que a mí me surge es qué palpan estos cuadernos, qué realidad aproximan y cómo. Hay un tema que desean cubrir, aunque sea tímidamente. Tocar desde esta perspectiva, que parece generar distancia y en la que la pantalla se interfiere siempre como un muro que acomoda, resulta complejo. De ahí que el valor del blog venga muchas veces dado por esta capacidad para aproximar tanto que casi se pueda tocar, que no deja indiferentes sino tocados, que tenga su impacto humano y no sólo su contabilidad estadística. Lo leído aquí o allá es de este modo algo que bien hecho toca, interroga, despierta. En forma de aliento o bofetada, de empuje o freno.
  5. OLER. Igual que hay un gusto, también el blog dispone de su tufillo, tendencia y orientación. Diríamos algo así como que un buen blog tiene su propio aroma, intraducible e intangible. El blog triunfador lo es porque deja percibir su impronta y marca personal, su entorno de experiencias y sensaciones. Ese olor nos trasporta a una situación concreta. No está de más lo que despide, porque nos adelanta lo general. Algunos huelen sólo a crítica podrida, a rancio abolengo, cuando otros destilan aroma de novedad y sugerencia. Tienen algo que no somos capaces de captar del todo aunque está ahí.

Dicho lo cual sólo queda animar a que emprendas este viaje, don y tarea. Y que lo compartas con otros adecuadamente. Nuestro siglo nos ha hecho este regalo y conviene no desaprovechar la ocasión.

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