Moderar las críticas

La sabiduría popular es más prudente que las conversaciones animadas con cerveza en la plaza del pueblo. Pues cuando todos saben lo que hacer, algo hay en la gente sencilla que ha aprendido a vivir con el paso de los años que dicta ser prudente con los demás y con uno mismo. Los jóvenes, por lo general, desconocen tanto esta paciencia como el respeto de la crítica. Aunque nada garantiza que acumular lustros nos vuelva prudentes. Hay que currar.

Quien no ha tenido que tomar decisiones serias, que afectan a otros, tampoco siente presión alguna en sus palabras. Parece que su visión, unilateral y parcial, está cargada de legitimidad. No alza la voz pero se excede en sus críticas. Porque criticar es lo más fácil que hay, sabedores todos de nuestra imperfección y la ajena. El pobre infeliz que sólo sabe quejarse y hablar mal de los demás está atrapado en su propia ignorancia y reducción del mundo, visto siempre desde la barrera y sin mojarse, cavando día a día su propia trinchera.

La necesaria moderación es tanto por los demás y por el daño que podemos causar con palabras licenciosas, como por nosotros, por no empeorar la vida personal de un modo semejante, desvestidos de prudencia y sensatez. Ejercicio este de la moderación que será difícil, muy difícil ejercer en público en determinados entornos en los que se tiene a bien y correcto hablar únicamente de lo mal que otros hacen las cosas, y acostumbrados a examinar cada detalle de su acción en búsqueda del error. Algo me dice que la prudencia empieza exclusivamente entre amigos que quieren hacerse bien unos a otros, y no permiten que se hable de cualquier modo.

Viene este texto a propósito de muchas cosas. Tanto por esas conversaciones en las que se arremete contra alguien en particular, como por quienes dicen arreglar el mundo con sus insignificantes conversaciones, y también por todos aquellos que exaltan a las masas creando enemigos. Estos últimos, a parte de manipuladores y de saber bien lo que están tejiendo, no son menos inocentes que aquellos que no piensan lo que escuchan y se exponen a cualquier palabra.

Criticar nunca fue sano. O al menos eso pienso yo.

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