El viernes me dejé en casa la memoria

La memoria, exactamente, no fue lo que olvidé. Realmente fue el pen-drive con todas las clases preparadas del viernes. El jueves por la tarde había trabajado en ellas, como de costumbre, y al llegar a la sala de profesores la mañana del viernes me di cuenta de que me lo había dejado en casa, probablemente en el mismo lugar en el que está siempre. El jueves por la noche pensé en meterlo en la mochila y recuerdo perfectamente que no lo hice. No suelo olvidarme de esas cosas. También pensé en subirlo a la nube, por si acaso, pero como no suelo necesitarlo… ¡Dos fallos en uno!

El caso es que no salió nada mal el día. A pesar de tener 10 minutos para recuperar en “mi memoria” lo que había pensado y buscar el modo de solucionarlo. Lo mismo era imposible. Educar también requiere tablas, aprender a improvisar.

Aunque salió todo bien, en algún aspecto incluso mejor de lo preparado, lo cierto es que no me animo a improvisar normalmente. Lo mío tiene más que ver con el cálculo de las clases, con la preparación pensando en los alumnos, incluso excesiva. Imagino muchas veces por dónde pueden ir los diálogos en el aula y normalmente acierto.

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