Nos hemos pasado demasiado. Fruto de esa falta de prudencia humana, todo espacio construido últimamente está pensado para la eterna conexión. Fruto del exceso y la pasión con la que nos hemos entregado a la hiperconexión, tendremos que retroceder y reconocer que es humano “desconectar”, y no de vez en cuando.

He visto una película en la que las personas que se reunían quitando la batería de los móviles, como signo de atención y disposición. Anteayer leí una noticia en la que se ponía en venta un precioso aparato para apagar dispositivos en red. Nos hacen gracia los mensajes de bares sin redes o que fomenta el #StopPhubbing. Y no pocos ejecutivos consideran que sus mejores vacaciones son simplemente desconexión de su vida cotidiana, ser capaz de abandonar el móvil, dejar apagado por unos días el ordenador, o no conectarse para ver la bandeja de email. Las noticias sobre adolescentes y jóvenes con ansiedad por sentirse obligados a ver una y otra vez sus redes sociales, crece y crece sin parar, sin que seamos capaces de poner remedio alguno. Y de vez en cuando salta la noticia de algún niño incluso, cuyos padres, escuela y cultura se han mostrado incapaces de moderar su enganche tecnológico.

Por todo esto, y mucho más, percibo como muy razonable en el futuro que se construyan espacios sin conexión en medio de nuestras ciudades. Por ejemplo, centros de ocio dedicados a una mayor relación entre sus usuarios, o naturales para estar disfrutando del lugar sin estar pendiente de otras cosas. Los centros educativos no tardarán en plantearse algo similar, o el modo de limitar claramente el uso de los dispositivos en aulas, pasillos, recreo. Como en todo, el exceso no es bueno.

Confío, además, en que esos espacios sirvan para leer con más calma lo que Aristóteles dijo sobre la prudencia. Y entonces nos planteemos, una vez más, que la filosofía nunca debimos permitir que saliera de la escuela, es decir, de nuestro futuro. Porque sin auténtica reflexión vamos abocados, como masas frenéticamente azuzadas, hacia extremos nada humanos.

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