10 frases contra tus propias excusas

Las excusas, cuando son sinceras, resultan inobjetables. Por otro lado, estamos acostumbrados a escuchar la palabra excusa de otro modo, con un cierto tono de falsedad y con intención de engaño. Es una forma más de mentira, de las muchas que existen.

Dicho sea de paso, las excusas suelen ser primeramente para nosotros mismos, antes que para otros. Aprendemos a excusarnos no ante ofertas ajenas, sino ante las posibilidades que se nos abren y que vemos. Dejamos para mañana lo que podemos hacer hoy. Luego, eso sí, para otros. Sobre las primeras excusas que aprendemos, que comienzan dándonos aparente sensación de libertad al decir “no” al mundo, decir que conducen a un callejón sin salida en el que “no” se hace palabra casi única. Por si no lo habías pensado, es distinto ser capaz de elegir entre varias opciones que quedarse al margen de la responsabilidad de ser libre. Y la llamada a la libertad, perdonadme este apunte si no lo compartís del todo, viene habitualmente más desde fuera, desde quien nos ama y nos conoce, que desde el interior de uno mismo, considerado ingenuamente hoy en verdad más todopoderoso que sagrado.

Gran parte de estas excusas irreales se deben a lo que pensamos, y no siempre somos libres para decir o decirnos. Innumerables frases interiores nos dominan sin complejos. Estamos tan acostumbrados a ellas que resulta casi imposible prestar atención a nuevas voces. Rutina, pura rutina sin reflexión, sin dedicarse tiempo. De estas frases quizá no convenga ni siquiera poner ejemplos.

Aquí quedan algunas. Aunque lo más probable es que tú puedas encontrar la tuya, la que te haga vencer, la que te provoque más para salir de esa espiral en la que la tranquilidad va dando paso a la podredumbre.

  1. Tengo todo el tiempo del mundo.
  2. Al final tendré que hacerlo.
  3. No puedo perder esta oportunidad.
  4. Seguro que hay alguna sorpresa.
  5. Este tiempo nunca vuelve.
  6. Quiero vivir a fondo, no mirar acomodado.
  7. También es un tiempo para mí.
  8. Puedo vencer la pereza, yo controlo mi vida.
  9. Si me han invitado, por algo será.
  10. Cuando lo hago, vuelvo de otro modo.

Lo de las frases ha sido simplemente una excusa. Quede claro. Lo fundamental es la reflexión sobre la propia vida y quién la conduce, en manos de quién está, y si hay en ella confianza o no, madurez o no, libertad o no, algo por lo que valga la pena entregarla o no.

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