Por qué un ateo debería estudiar religión

Por la misma razón que un creyente debería estudiar el ateísmo, el agonisticismo y la increencia. Quede claro.

Muchos argumentos en favor de enseñar religión me parece que son muy débiles. Si es por cultura y arte, otras disciplinas se pueden encargar perfectamente de ellas, como una buena Historia, una buena asignatura de Arte. Si son por costumbres, lo mejor será que se encargue de ello una buena Filosofía y Ética. De hecho, no creo que ninguna de estas materias, siendo buenas, puede dar la espalda al hecho religioso y, de algún modo, deben afrontarlo con las herramientas que tienen a su disposición. Pero siempre queda algo más por preguntar en cada una de ellas.

A mi entender, el mejor argumento que defiende una enseñanza compleja y plural es la búsqueda de la vida buena. Toda persona, en este sentido, debería preguntarse por el hecho religioso, y desde el saber que adquiera, no convertirse en un sujeto que vive en una sociedad plural de cualquier modo y que es, sin más, tolerante con cualquier cosa. Conocer el hecho religioso es salir de la ignorancia, y no permitir por ignorancia cualquier afirmación, cualquier expresión, cualquier cuestión.

El hecho religioso toca el corazón de las personas. No es un hecho aislado, ni un asunto privado, ni un conjunto de ideas. Cuando lo estudiamos a fondo descubrimos principalmente que se trata de una relación, cuando no una pregunta, que reclama a la persona íntegramente. No se pueden obviar, de ningún modo, los conflictos que puede suscitar y convendría socialmente no darles la espalda. Se desprecia no pocas veces aquello que no se conoce, que directamente se ignora.

Lo conflictivo no puede estar al margen de la escuela, sino especialmente en ella. De hecho, la buena escuela de cualquier época recoge esta necesaria tarea. En nuestro tiempo, por ejemplo, respecto a la igualdad, a la diversidad personal y cultural, o tener una vida saludable, los problemas ecológicos y sociales de nuestro mundo enfermo… Mucho más importante esta tarea que la de preparar a los muchachos para ser buenos trabajadores del mañana.

Una buena escuela no ahorra preguntas, por difíciles que sean. Es más, debería enseñar a plantearlas y, en clase, buscar junto con otros compañeros posibles respuestas. No enfrentarlas ahora, en la escuela y cuando hay tiempo para ello, no ahorrará a ninguno la tarea de hacerlo en algún momento de la vida.

Independientemente de lo dicho, creo que algunas propuestas (en bocas de no pocos) lo único que buscan es propiciar un enfrentamiento donde no lo hay, ideologizar sobre un asunto concreto, manipular en lugar de invitar a pensar, conformar con la mediocridad en lugar de buscar la excelencia. ¡Más diálogo, dentro y fuera!

Convivir es parte esencial de la educación. Y enseñar a convivir es tarea primordial en la escuela.

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