Hoy se tuitea sobre #MachismoMata

Son las 21,47h cuando empiezo a escribir. Llevamos 17 minutos de programa y es #TrendingTopic desde hace unos pocos minutos, necesariamente pocos.

Me preocupa mucho este asunto. Hemos dado un pie al frente para garantizar derechos e igualdad a todas las personas, respetando su dignidad, y lo que hemos encontrado en nuestra sociedad y cultura son muchas resistencias. Gran parte de los números, al menos así lo entiendo, lo que están haciendo es sacar a la luz lentamente lo que ya había a nuestro lado, muy cerca de nosotros. Otros, los de los más jóvenes, y lo digo con mucha preocupación e indignación, no termino de comprenderlos, no termino de digerirlos.

En estos momentos mi vida está pendiente habitualmente de lo que ocurre a los jóvenes. Hace unos años, cuando el asunto se veía venir, estaba más del lado de los adultos, de gente más mayor, de mi edad o con más años. Pero este tiempo que me toca vivir está con adolescentes. Y veo, con lamento, que hay mucho por hacer y confirmo las estadísticas que apuntan un retroceso más que alarmante.

  1. Actitudes de dominio y superioridad. Acompañadas por tanto por menosprecios, palabras irientes, gestos de desprecio. Romanticismos igualmente dominantes, que no conviene olvidar. Y en no pocas ocasiones lo que algunos entienden por “conquistar” (palabra desafortunada ya de por sí) no es otra cosa que “someter”, que “me siga”, que “haga lo que quiero”, que “esté pendiente de mí”.
  2. Justificación de los celos. Cuesta creer que muchachos y muchachas de 15 años, y poco más, defiendan que los celos son una forma de amor en la que su “pareja” les demuestra lo mucho que las quiere. Pero ya no son los celos directamente, que ya tendríamos, sino lo que va con ello. Insistimos en que chicos -preferentemente- controlan el móvil, la ropa, dónde está, con quién está.
  3. Chistes y bromas. Normalizados, acompañados por risas que justifican su repetición. Si alguien hace un chiste sobre “negros y blancos”, actualmente hay se provoca un cierto escándalo y silencio incómodo, que da lugar a su condena. Si ocurre lo mismo sobre “mujeres y hombres”, en su mayoría en detrimento de las mujeres, las risas vienen a decir que es “verdad” lo que se escucha.
  4. ¿Ideales de persona? Toca revisar qué estamos proponiendo a los jóvenes. Algo que después se verifica en lo que hacemos. Después diré, qué ven los jóvenes y qué reciben, porque cuando tienen 10 años no tienen capacidad crítica para separar lo que sí y lo que no. Y revisar de paso qué entendemos por hombre y por mujer.
  5. Dignidad personal. No tengo muy claro si estamos trabajando socialmente para que cada persona respete su propia dignidad, para no permitir que uno a sí mismo se rebaje, se culpabilice… De algún modo esto empieza también por la aceptación de uno mismo… Es el mejor remedio para que nadie permita “ser usado, ser usada”, para que nadie trate como objeto, como cosa, como algo. No sólo es autoestima, es autodignidad, conocerse a sí mismo.
  6. ¿Quién es el culpable? Aquí hay que tener claro el tema. Porque se escucha que “ella vestía así”, que “ella es que era una…”, que “ella… ella… ella…” No nos enfrentamos al culpable, y de paso hacemos sentir doblemente mal a la víctima, a quien hay que convencer de que ella no tiene la culpa. Quien lo ha vivido o ha acompañado alguna de estas situaciones sabe de qué hablo; aunque al resto pueda parecer surrealista.
  7. ¿De dónde viene esta ideología? Cuando hablo de ideología me refiero a una “mentira socialmente producida con intención de ocultar la verdad”. Esa es la pregunta, de dónde llega a los jóvenes, quién mantiene estas posturas. A duras penas se habla de esto con seriedad, porque no veo que los padres y familias de estos jóvenes se comporten de este modo, y ya no vale echar la culpa a ciertos poderes de antaño. Quienes mantienen esta postura, no ayudan. ¿Vendrá de la televisión que ven? ¿Vendrá de lo que reciben por internet? No cito, pero hay que revisar qué leen, qué ven, qué escuchan. Porque está claro que sus canales no son limpios en este sentido.
  8. Los jóvenes ven, pero no actúan en muchos casos. ¿Y los adultos, y los padres, y los profesores, dónde están? Una y otra vez me pregunto qué hacen los jóvenes solos por el mundo, tan solos por el mundo. ¿Será que los mayores vivimos en mundos de Yuppi sin peligros, sin nada que nos alerte, en los que todo lo que sucede es bueno? ¿Será que los adultos creemos que esto no les va a pasar a los nuestros y siempre les toca a otros, que educan mal a los suyos? ¡Qué tonterías, y qué poco cuidado!
  9. Micromachismos. Hoy la violencia extrema nos parece a todos intolerables. Pero por el resto parece que cabe pasar, que no es para tanto. Están ahí, nos hacen pensar en ellos y los vemos, pero “la rutina” es poderosa, la “inercia” consume. Esto vale para ellos y para ellas. Que no es cuestión de “cocinas”, ni de “tareas de la casa”, ni de “cuidar a los hijos”, que todas estas cosas son estupendas y hay que hacerlas porque hay que hacerlas, e incluso se disfrutan. Hablamos de otro asunto, del lenguaje incómodo que nos revela lo que reproducimos, de los gestos, de detalles…
  10. ¡A mí no me va a pasar! Muy seguros están ellas de que no les va a tocar, y ellos de que no van a reproducir su ambiente. Poca humildad, dicho de otro modo, y un orgullo ciego. Que de paso, culpabiliza a quien lo vive. ¡Tremenda! Yo empezaría por tratar a todos, ellos y ellas, con cosas que trabajar y decirlo a las claras. Hablar de frente y poner las cosas claras porque no todo vale.

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