Aprender a mirar. Lo que he hecho con hoy con mis alumnos.

No pocas veces lo más sencillo es lo que mejor funciona. Como estoy retomando el blog, comparto con vosotros algo de lo más cotidiano.

Ayer me acosté con una inquietud: cómo enseñar a mirar, con detalle y en conjunto. Creo que el arte, esa contemplación detenida y sosegada tiene mucho que ver con ello. Y como estoy viendo algo de expresión artística, aproveché la coyuntura. Quería enseñar algunas obras de arte en las que “la humanidad”, el hombre de carne y hueso, es el centro. Me gustaría de verdad que todos mis alumnos pudiesen disfrutarlo.

Mis alumnos son de 4ºESO, pero esto vale para casi cualquier edad. Se trata de la buena adaptación que cada cual haga.

Desarrollo. Y se me ocurrió lo siguiente:

  • Preparar una presentación con 10 obras de arte de un mismo autor, de temática centrada en un asunto. Escogí Caravaggio, busqué 10 de sus cuadros y los pegué pensando un poco en el orden.
  • ¿Cuál es la mejor forma de mirar? ¿Cómo enseñar a buscar, a fijarse en los detalles, a comprender la escena y lo que quiere transmitir la escena, la técnica del autor, las formas que usa…? Pues con preguntas. Así que los alumnos podrían preguntarme 10 cosas del cuadro, las que quieran. Pero sólo 10. Número redondo. En un máximo de 4 minutos. La pregunta que ellos quieran…
  • Unas veces respondo yo, en otras puede responder un compañero. Empiezo respondiendo yo más que ellos, pero se van tornando las cosas y terminan por responder más que yo. Van conociendo de ese modo el cuadro.
  • Y después de cada cuadro, una pregunta que tienen que constar en una hoja, sin mirar el cuadro, en silencio y de forma individual. Les doy 1 minuto para hacerlo.
  • Después, pasamos a la siguiente…

Resultado de la experiencia, ahora que he pasado por dos clases y estoy leyendo sus respuestas: ¡Excelente!

Destacaría

  • Sencillez. No se tarda mucho en preparar. Fácil de explicar.
  • Orden. Saben lo que tienen que hacer y que hay un tiempo para ello.
  • Escucha y atención. Tanto a las primeras explicaciones como a lo que otros compañeros preguntan o explican.
  • Versatilidad. Ya estoy pensado en que vale para  muchas otras cosas.
  • Dinámico. Es rápido, ágil, de tiempos cambiantes pero dentro de una estructura.
  • Se gana profundidad. 10 preguntas son muchas, pero la clase termina con 100 preguntas sobre un tema. Algunas se repiten de otra manera. Aunque acaba profundizando en asuntos que no tienen que repetir porque ya quedan dichos.
  • Parte del alumno. Son sus preguntas, su grado de percepción, su capacidad para observar. No preguntan lo que saben, sino lo que saben. No pueden pasar sin lo básico, luego termina saliendo. Pero tienen tiempo para alcanzar otras cotas.
  • Implicación. Todos han participado escribiendo, pero la mayoría de la clase ha terminado interviniendo en la dinámica. De aquí la motivación.
  • El alumno gana protagonismo. A lo largo de la clase he dejado que ellos hablasen más, porque recordaban lo que había dicho en otros cuadros e iban explicando los detalles.
  • Mucho contenido. A lo tonto a lo tonto, hemos hablado de muchas cosas clave para comprender el arte en general, un tiempo en especial, muchas historias y narraciones, técnicas, el compromiso del autor…
  • La importancia de las preguntas. Y de las preguntas, al diálogo.

Seguramente se puede mejorar mucho todo esto. Por favor, si lo has leído, compártelo.

No es que esté contento con todas mis clases, pero no me quedo en la indiferencia. Sigo pensando. Por su bien y por el mío.

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