El daño que causa la sospecha

Pocas veces reparamos en el daño que puede causar una palabra mal dicha sobre algo o sobre alguien, incluso con la mejor intención del mundo. Lo lógico suele ser pensar que cada cual tiene su propia opinión y que hay que tener voluntad y personalidad para defenderla. Pero lo cierto es que esas palabras que pululan de vez en cuando por el ambiente, al ser escuchadas, se clavan en el interior y hay que pelear con ellas. 

Pienso, por ejemplo, en tristes comparaciones entre personas. Estás tomando algo tranquilamente y a alguien se le ocurre hablar de otra persona comparándola con “no sé quién”. Y desde ese momento todo se ve desde otro prisma. Y sin saberlo, la persona nombrada ha sido escrutada, manipulada y usada. La próxima vez que se vean estas personas no será lo mismo. Aunque el mencionado no sepa de qué va el asunto y por qué cambian las cosas.

Se me ocurre también esa pésima actitud que, al oído y en bajito, o creando cierta intimidad en algún lugar, te suelta su opinión sobre tal o cual compañero, amigo… En ese mismo instante comienza la pelea entre lo que se pensaba antes y ahora, entre esa idea agredida por la noticia y la posible verdad de lo que otros dicen… Y nada volverá a ser como antes.

Si muchos de los “opinantes” se metieran la lengua en algún lugar, el mundo sería más bello. Porque suele suceder que los cotillas, como todos sabemos, ejercen el arte de cotillear al margen de la verdad, por meras apreciaciones e intuiciones falsas, por su propia imaginación, por culpa del ocio insomne en el que están sumidas sus vidas. Los críticos, los que miran más a los demás que a sí mismos, convierten un encuentro en una ciénaga subyugante… Nada tienen de verdad sus palabras, como tampoco el amor o la caridad mueven sus vidas…

Los peores son aquellos que, además, saben usar a otros con sus palabras y les hacen sentir importantes para después dejarlos sin ideas propias, sin la capacidad de escucha, sin retroceso, remordimiento o arrepentimiento por lo que pensaron, dijeron e hicieron mientras eran “propiedad” intelectual del manipulador.

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