Matrix y nuestras semanas

Hace un mes y poco debatía en clase con mis alumnos sobre la capacidad humana para crear realidades, separar de sí esas realidades y finalmente terminar sometidos por ellas. Estudiábamos el pensamiento de un autor poco reciente, pero con gran importancia en la historia. No lo cito, porque a muchos les dará igual. Recuerdo estas clases como un momento excelente y difícilmente se me olvidarán. Es de ese tiempo en el que descubrir se torna aprendizaje.

Donde encuentro el gran problema de todo el proceso es en la falta de responsabilidad. Me explico. Indudablemente somos seres creativos, pero todavía no hemos aprendido que eso que generamos no debe “irse” muy lejos de nosotros, mucho menos separarse y alienarnos a la postre.

Pienso, por ejemplo, en lo que hemos hecho con la semana. Alguno pensará todavía que el hecho de vivir en “lunes”, “martes”, “miércoles” es algo objetivo total y absolutamente, sin reparar en que se trata de una convención muy extendida y aceptada, que quizá nada tiene que ver con la realidad. Parto de que quien comenzó toda esta historia de los días y las horas lo hizo con la mejor intención del mundo, sin lugar a dudas, lo cual permite un gran orden, facilita la convivencia y la unidad, nos hace recordar y planificar, y nos sentimos, de algún modo, una especie de “dueños y señores del tiempo”. ¿No se ha convertido “la semana” en una obligación para “vivir” (dejar de vivir realmente), en la que “otras fuerzas” (otros, habitualmente) dicen lo que sucede, se hace, se piensa, a qué dedicar el tiempo y empeñarse uno mismo? ¿No es algo de lo más alientante, que impide en cierto modo la experiencia de la vida?

La vida, sin embargo, debe ser otra cosa. Y no sé si en cierto modo está tapada por este pequeño alarde de dominio del todo. No existe ni lunes, ni martes, ni miércoles más allá de nuestra imaginación, y, como decía al principio, mucho me temo que esta creación humana ha terminado por ahogar la vida en una megaestructura que ya es difícil de cambiar.

Lo dicho. Que cuidado con lo que inventamos, cuidado con separarlo demasiado de nosotros y “dejarlo ahí tirado de cualquier manera”. Porque como ha pasado con el dinero, incluso con la belleza o con los medios de comunicación, ya son muchos ejemplos los que demuestran que aquel filósofo moderno en su análisis no iba muy desencaminado. Y por si alguien sabe a quién me estoy refiriendo, decirle también que pienso que lo que quería tratar lo dejó intacto, pero el esquema que utilizó vale para muchos otros ámbitos. He estado tentado de poner su foto, para provocar curiosidad, y luego he preferido quitarla para dar pie a la indagación.

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