¿Analógico o digital?

Seguramente conoces la diferencia. Habrás oído hablar de “nativos digitales” y “relojes analógicos“. Dos palabras que, en oposición, han hecho historia. Lo que hay detrás realmente son diversas formas de medir. Por ejemplo, se llamó transición analógica-digital al cambio de hondas. Pero ambos conceptos han superado lo que en origen significaban y sirven de etiqueta para dos eras, en cuyo gozne convivimos.

No tendrá sentido dentro de poco esta diferencia. Todo será digital, si por eso entendemos tecnológico. Nada escapará de su progresión global. O, al menos, no estaremos al tanto de la diferencia. Hoy por hoy nos llama la atención porque vivimos entre dos aguas, mañana quedaremos inundados. Será entonces cuando no tenga sentido continuar hablando así, salvo en las lecciones de historia.

Sin embargo, la historia examinará qué estamos haciendo. Igual que hacemos nosotros con el pasado de la revolución industrial y los movimientos sociales. Verán luces y sombras. El próximo siglo estudiará esta gran transición; quizá sin comprender del todo lo que hoy vivimos, pero sin duda alguna con más claridad que nosotros, inmersos en el bosque. La adaptación es imprescindible.

  1. Transición personal. Ojalá las personas fueran lo primero, pero muchas se ven obligadas a dar este paso aún no queriendo. Gran parte de la población continúa sin acceso a internet, pero gran parte de la que cuenta con medios la utiliza sólo como mero consumidor de productos ajenos.
  2. Transición educativa. Desearía que fuera a la cabeza del cambio. Lo cierto es que se sitúa a la cola. Asume no pocas veces lo irremediable. La tecnología sigue siendo novedad en las aulas cuando es un hecho social.
  3. Transición doméstica. Las casas están llenas de chismes. Los enchufes se multiplican. Nos parece que hay luces rojas y azules en cada rincón. Pero seguirán llegando. La casa inteligente, con electrodomésticos inteligentes y una gestión diferente de los recursos. Programar la lavadora desde el móvil nos parecerá lo más normal. Si es que por entonces seguimos teniendo móviles como dispositivos. No lo tengo claro.
  4. Transición informativa. Tenemos dificultades para la gestión de la información. No sólo por volumen, sino por educación. No nos han enseñado a leer en la red con espíritu crítico porque todavía no había red. Pero aprenderemos. Seremos buenos en ello. Y disfrutaremos de las ventajas de semejante poder. Aprenderemos de otro modo, más autónomamente. A la vez, ejerceremos el papel de transmisores y creadores de contenidos. Cada cual a su manera.
  5. Transición comunicativa. ¿Cuántas veces has oído decir que esto ya no es lo que era? Hablamos otros lenguajes. Primero mensajes y llamadas, luego imágenes, y están incrementándose los vídeos y las videollamadas. Las conferencias entre cinco personas se pueden hacer desde cinco casas diferentes. Nos incomoda vernos en esa situación por falta de costumbre. En lo personal el contacto es continuo.
  6. Transición cultural. No cambiarán los escenarios de las películas y los libros. La industria entera verá tocados sus “pilares analógicos” y se deslocalizará el acceso. Me pregunto si esto, que ya es posible, se frena porque se están sentando las bases de su control en el futuro. Algunas veces lo pienso. Junto a eso, ¿en qué medida los ciudadanos respetarán a los artistas, escritores, músicos?
  7. Transición social. Nos toca. Dentro de social incluyo todo lo político. La participación crece. La democracia se verá tambaleada. ¿Lo hará también el asociacionismo? ¿Cómo viviremos la pertenencia en un mundo sin las fronteras que hasta ahora han mantenido a raya a unos y otros? Los fundamentos, y la posibilidad, de un gobierno mundial se están poniendo en la actualidad.
  8. Transición laboral. Trabajos que desaparecen y muchos que se sustituirán por tecnología. En contrapartida, no suficiente según los estudios, surgen otro tipo de puestos y necesidades. Lamento que los que saben vendan a las grandes empresas su conocimiento a cambio de sueldos, manteniéndolas en el poder y dándoles el control. Las cosas podrían ser de otro modo. Ojalá el trabajo se pudiera desvincular del dinero.
  9. Transición económica. Ojalá cambien las cosas. La vida en sociedad se ha hecho dependiente del dinero. Con la tecnología vino el auge de lo financiero, la riqueza que se mueve de un sitio para otro a gran velocidad. En la diferencia entre una y otra se mueve mucho dinero. Las personas corrientes no alcanzan con su capital a los beneficios de la segunda. Pero ya se escuchan voces que muestran la posibilidad del cambio. Ojalá. Esta gran crisis, con los medios de los que disponemos, han favorecido que la gente piense, proponga, estudie, dibuje alternativas.

Dicho lo cual, con todo en la mano, la tecnología no cambiará lo humano. Puede ayudar, es decir, mejorar, tanto como empeorar. La reflexión no es mía. El pesimismo del pensamiento tras los horrores de la Segunda Guerra Mundial, con sus mordientes preguntas sobre el progreso, estudiando hasta qué nivel llega, dejaron intactas las grandes búsquedas de la humanidad, las de cada persona de carne y hueso.

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