¿Estás buscando un buen libro para leer?

Si es tu situación, te propongo uno. Quizá ya lo hayas leído en alguna ocasión, pero a mi parecer esta buena lectura siempre reserva preguntas nuevas e interesantes discusiones de terrible actualidad. De hecho, desde que lo leí por primera vez, siempre he tenido la misma sensación. ¡Qué poco aprendemos!

Si buscas un buen libro para tu estantería, también puedo ayudarte. Conozco muchos elegantes. ¡Soy un apasionado igualmente! Pero no es el momento. 

Es uno de mis libros de cabecera. Tenía 19 años cuando me obligaron a leerlo. Casi de un día para otro. Recuerdo perfectamente que el profesor terminó la clase pidiéndonos esta tarea porque mañana mismo comenzaba su discusión. Quien dice mañana, en el mundo educativo, sabe que es para más adelante.

Aprendí mucho con él. A decir verdad, más con la lectura que el profesor hizo que con mi pobre aventura. La sensación fue, a medida que transcurría la discusión, que yo no me había enterado de nada. Me puse a trabajar entonces sobre la introducción que tenía esta obra. Efectivamente, el problema principal era mi forma de leer. Prefería que otro me hablara de ella. Con los años, ya lejos de la universidad, he agradecido muchas veces que me mostraran mi ignorancia. Ha sido uno de los principales motivos para seguir con este libro entre las manos. Mis compañeros de trabajo me regalaron por mi cumpleaños el ejemplar que todavía leo y en el que he puesto, seguramente muy torpemente, anotaciones para el siguiente año. ¡Cosas de la vida! ¡Lo que que queda por aprender!

Si tuviera que resumir aquí de qué trata, diría que sobre el mal. Quizá a alguno esto le haga retroceder y pensar que ya no es el libro que anda buscando. Pero a decir verdad, el bien y el mal son asuntos que nos preocupan sobremanera, en exceso y siempre. El sufrimiento, el dolor, la muerte. Qué hay en todo esto y, una pregunta definitiva, ¿el mal hace mala a la persona? ¿El mal que se sufre o el mal que hacemos? Cierto es que el libro lo trata de otra forma. Pienso que, inmersos como estamos en la vida política, de una forma crucial y de vital importancia, en la que, dicho sea de paso, se nos ofrece la posibilidad de hacernos un poco más dueños de nosotros mismos. Esto tiene un nombre en griego, casi divino.

Tanto me apasiona este autor, que este verano he leído entre otras cosas un libro centrado en la vida de su protagonista. Lástima que su autor no le dedique, con su pluma y mirada, un buen capítulo a este libro que recomiendo. En eso se me quedó cojo, aunque por lo demás me ha sido de gran utilidad.

Para quien no sepa a estas alturas de qué libro hablo, bien por ser muy joven o bien porque nunca le ha llamado la atención, hablo del “Gorgias” platónico. Unas 120 páginas en las que perderse para dialogar, y de las que es difícil salir indemne. Te recomiendo que no tengas miedo, que no te hagas de menos. La filosofía cura la ignorancia, si es que algo puede hacer, pero no lo hará sin tu consentimiento, sin tu libertad.

PD. Una de las preguntas que más dolor -en el buen sentido de la palabra, ya lo descubrirás- que causan del libro -no por el libro, sino por mí- es si hemos hecho mejor a alguien.

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