Se puede decir de otras maneras, aunque quizá no se puede expresar mejor la problemática que subyace detrás de esta cuestión. Quien hace las preguntas, quien domina los interrogantes, quien plantea estos retos, es también de alguna manera señor de las respuestas. Dicho de otra manera, pero no mejor: “Dime de quién son tus preguntas y te diré quién te gobierna.”

Dicho esto, el reto está en ser dueño de las propias preguntas para ser dueño de la propia vida, es decir, gobernar la propia reflexión para gobernarse a uno mismo, apoderarnos de nuestras ideas para dirigir la propia historia.

  1. Pienso en los jóvenes y en sus historias diarias. Si su pregunta fundamental, la cuestión que han aceptado con mayor radicalidad e interés es, por ejemplo, cómo divertirse y cómo pasar el tiempo, están dando de lado al mismo tiempo otras preguntas y dedicando su tiempo y fuerzas a las cuestiones que en su jerarquía interior aparecen antes. Y estas preguntas dirigirán la propia vida a través de las preocupaciones.

  2. Por otro lado, las preguntas nos focalizan. Sobre una cuestión, como puede ser la crisis para los adultos, dependiendo de la pregunta que se hace así vemos o dejamos de ver. Las preguntas, las malas preguntas, despistan sin atender a lo esencial. Las buenas, sin embargo, nos centran en lo fundamental y  nuclear. Es evidente que son una especie de gafas con las que miramos.

  3. De igual modo, toda pregunta parece empoderar y dar la palabra a quien responde. Toda pregunta parece una forma de libertad en la medida en que reconoce como sujeto capaz de enfrentarte a ella. He usado la palabra “parece” porque también existen preguntas aparentes, que no son sino una forma más de esclavitud, que mantienen la esclavitud y el gobierno de otros. Pienso, por ejemplo, si en la escuela afrontamos con todas las materias y con tanto esfuerzo las verdaderas preguntas que afectan a las personas, o si nos entretenemos en otras muchas aparentemente verdaderas. Y mi respuesta es clara.

  4. ¿Nacen preguntas del corazón de las personas? Creo que sí. ¿Esas preguntas dónde se trabajan, dónde se afrontan? ¿Son públicas, deben serlo, o son más bien privadas, internas, para relaciones próximas o cercanas como la de los amigos? ¿Enseñamos a escuchar esas preguntas o, por el contrario, intentamos que haya preguntas que se impongan llegando incluso a cubrirlas y vencerlas?

Para terminar, convertiría el título del post en una pregunta. ¿No genera una sospechosa mirada alrededor, no ilumina de algún modo la mirada coloreando la realidad de un modo u otro? ¿No cambia esta pregunta al forma de estar en el mundo, de escuchar, de interesarse o desintersarse?

Me pregunto también cómo han cambiado las preguntas últimamente en nuestras sociedades. ¿Hemos pasado de preguntarnos a nosotros mismos, como forma de responsabilizarnos y seguir adelante, a preguntar a otros para culpabilizarnos, haciéndolos al mismo tiempo dueños de nuestras vidas?

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