¿Otro cambio en educación? ¡No, por favor!

Mientras desayunaba estaba mañana, me he detenido a leer una entrevista a César Bona, considerado uno de los mejores profesores del mundo, en la que reclama un cambio educativo. Y nada más terminarla me ha salido un “no” rotundo. No por lo que dice la entrevista, sino porque hemos hecho cambios y cambios, queriendo renovar y actualizar la educación una y otra vez, y todas se han hecho de forma penosa. Si me preguntan sinceramente, creo que no hace falta un cambio educativo.

Lo que sí hace falta es pararse, pensar y preparar ese cambio. No cambiar por cambiar, sino pensar el cambio. Sin perder profesores por el camino, sin quemar a nadie. Al contrario de lo que viene haciendo.

Hasta ahora se ha hecho una ley y después de implantarse, profesores y maestros se han puesto las pilas para hacer sus deberes sin saber muy bien en ocasiones hacia dónde. Paradójicamente las últimas leyes han sido acogidas por docentes de todo tipo bajo el lema “Es lo de siempre, pero con distintas palabras y más papeles.” ¿Qué ha fallado? A mi entender, el problema ha sido hacer las cosas al revés. Lo que ha sucedido es que, después de entrar en vigor las leyes, los profesores a la carrera han intentado cambiar las cosas. A la carrera, sin la formación específica, sin herramientas de conjunto.

¿Qué hace falta?

  1. Valorar el trabajo educativo, degradado socialmente los últimos años. Y recuperar su sentido primero y más profundo, que es atender al desarrollo integral de la persona procurando un futuro feliz, y transformar y mejorar la sociedad en la que vivimos. La educación no es una actividad en la que quepan las miras cortas. Mucho menos los intereses de quienes viven su tarea a cuatro años vista.
  2. Generar reflexión y pensamiento entre los docentes. Los que más saben de lo que pasa en los centros son los profesores. ¡Con diferencia! ¿Por qué no abrir un tiempo para analizar y proyectar futuro? Sin duda alguna se puede hacer, de forma más o  menos sencilla. Cuando pregunto o dialogo con otros compañeros sobre lo que realmente hay que cambiar, o por dónde empezar, me parece que muchos dan en el clavo. Sin embargo, las leyes que se generan van por otro camino, sin atender a lo fundamental. Y muchos estamos muy, muy de acuerdo en estos puntos. No resultaría difícil llegar a acuerdos.
  3. Crear un equipo interesante de profesores por regiones que recojan y hagan propuestas. No de políticos, no de “gurús”, no de “expertos pedagogos”, sino de maestros y profesores interesados, cuya práctica ya abale que las cosas se pueden hacer de otro modo. Estos son los que mejor conocen lo difícil que es avanzar en educación dentro de un sistema obsoleto. Resulta lamentable comprobar que hay grupos que se organizan por sí mismo, por vocación e interés, y trabajan duro para mejorar la educación y luego nadie les pregunta, ni se tiene en cuenta lo que hacen.
  4. Realizar una propuesta y buscar los medios para ponerla en marcha. Algo que nunca entenderé es que primero se ponga en marcha una ley y luego se dé la formación para llevarla adelante. Hay centros que todavía andan a vueltas con las competencias. ¿Por qué sucede esto? Porque se hacen las cosas al revés y sin contar con quienes tiene que llevarlo adelante. Pienso en una fábrica -la educación ciertamente no es una fábrica, pero espero que se comprenda la comparación- en la que se cambie primero la maquinaria y después de dos meses se dé formación a los trabajadores. ¡Sería un desastre!
  5. Dotar de medios y recursos. Antes de. Para empezar a cambiar. Tanto materiales como personales. Porque lo que no tiene sentido es pedir a alguien que haga algo sin que cuente con medios para ello. Y pienso en muchas cosas que por prudencia no diré. Sirva de ejemplo, nuevamente, pensar en una empresa de cocina que quiera dar de comer a trescientas personas por turno, y disponga sólo de una cocina familiar para ello. ¡Sería un sinsentido! Pues muchos profesores tienen que traerse “comida de casa” para dar “comida” a sus alumnos. El tiempo es un recurso, por ejemplo, que tiene que entrar en la ecuación. La evaluación es otro recurso imprescindible, que para quien no lo sepa es de lo más antiguo que tenemos y paraliza todo lo demás de forma escandalosa. Pongo otro ejemplo: ahora mismo podríamos hacer un coche estupendo y maravilloso con toda la tecnología del mundo a nuestra disposición y materiales con aleaciones de primera línea, pero estamos obligados a poner ruedas de madera. ¡El ejemplo es brutal y real!
  6. Por último, decidir y poner en marcha todo el sistema. Lo último, no lo primero, después de garantizar que el sistema va a funcionar y seguirá adelante. En este proceso hemos podido evaluar, sopesar y cribar muchas cosas.
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