Educar la voluntad

Asignatura imprescindible para la vida. La voluntad, que en otro tiempo estaba presente en todo manual, está ligeramente olvidada. Nótese la ironía.

Los adultos, incluso aquellos con poco recorrido como es mi caso, sabemos que hay cosas buenas en la vida, que pasan por delante pero que cuesta alcanzar. Y que hay personas que llegan y otras que se quedan por el camino. Otras que, dada su flojera, ni siquiera lo intentan. Y la única diferencia de partida que se encuentra, claramente, es la voluntad.

Como esta palabra suena mal, han escogido por el camino otras que incluso suenan peor. Por ejemplo, esfuerzo. Y así dan a entender que “cuesta mucho” y hay que “estar fuerte”. Sin embargo, aquellos que “están fuertes” no viven pensando todo el día en su fortaleza. Pienso, por decir algo, en quienes salen a correr todos los días un poco. Llegado un momento, en absoluto es un esfuerzo y han alcanzado algo importante en la vida. A esto se le llama voluntad. Quien dice correr, puede decir otras muchas cosas.

Voluntad es, entre otras muchas cosas, lo que nos permite responder en los tiempos fuertes, en terrenos exigentes o ante vientos incómodos. Aquello que impide que nos lleven por aquí y por allá. Tiene, por tanto, mucho que ver con la libertad y con la identidad personal. Y aquí encontramos un escollo grande, porque nuestra cultura de calle ha hecho del “dejarse llevar” algo casi esencial, tomando como mantra “flow, flow, flow”.

Otro punto en el que “educar la voluntad” tiene que enfrentarse con nuestro estilo de vida es en la motivación. Que, pese a sus muchas maravillas, sin voluntad real queda en nada de nada. Quienes estudian esto distinguen entre motivación externa e interna. La segunda, poco practicada porque no es tan fácil dar el salto desde que te motiven continuamente, casi sin responsabilidad personal, a motivarse uno a sí mismo, es otra forma esencial de voluntad, de querer, de claridad existencial, de luz interior. Pero estamos anclados en lo primero. Y ahí, mientras tengan otros la culpa y la responsabilidad, la voluntad que funciona simplemente es la ajena, no la personal.

Para terminar, me pregunto por qué esto, siendo adultos los responsables de la educación de los más jóvenes, y sabiendo lo importante que es, no se tiene en cuenta. Supongo, con ánimo un tanto perverso, que quien eduque la voluntad de los suyos consigue dos cosas: hacerlos grandes y mejorar su vida, por tanto su felicidad, y desmarcarse de una gran masa que resulta fácilmente dominable. Pero esto es un comentario un tanto perverso, al hilo de la actualidad. La falta de voluntad es una forma de debilidad existencial tal que me produce espanto.

Haremos todas las campañas de televisión posibles en las que el eslogan sea “¡Atrévete a decir no!” Mientras no haya un sujeto capaz de ello, y esto supone un sujeto con voluntad propia y libre, caerá en terreno baldío y pobre.

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