Usar el móvil en clase. ¡Por supuesto! ¡Y más!

El móvil (smartphone) es un instrumento que genera una nueva situación y plantea nuevos retos. Me niego a pensar que todo lo que ofrece son conflictos, por mucho que aparezcan una y otra vez en los medios tristes episodios. Es una oportunidad excelente para educar y una herramienta que se ha convertido en imprescindible y omnipresente, que podría haberse planteado como aliada en las aulas en lugar de enemiga proscrita. Pero no ha sido así, porque nuestra legislación (y educación) continúa anclada en un pasado cada vez más lejano.

Cuando leo titulares sobre la “prohibición del móvil”, lo que entiendo que se quiere frenar verdaderamente es su mal uso personal o social. A nadie se le ocurriría prohibir el balón de fútbol en los colegios, a pesar de que algunos alumnos jueguen donde no deben, o retirar ciertos libros que tienen enganchados a otros muchachos y a los que se dedican en los tiempos libres. “Prohibir” es lo contrario de educar. Para educar se requieren más normas y límites que prohibiciones. Y normas, a decir verdad, de las que ayudan a hacer las cosas mejor, es decir, necesitamos métodos, caminos con sus pautas y límites.

Soy partidario del buen uso del móvil en el aula. Por recursos, porque me obliga a pensar las cosas de otro modo, porque va siempre con los chavales, porque tengo que enseñarles a vivir en el siglo XXI y utilizar lo que esté a su disposición para seguir adelante… Y porque el móvil sólo es un paso, muy llamativo por estar en los inicios, de un imparable incremento de la tecnología en todos los ámbitos de la vida. Comprender esto debería ser suficiente para replantearse qué estamos haciendo.

Para quienes digan que el móvil vuelve cómodos a los alumnos, le diré que pensaron lo mismo con la llegada de la calculadora y quizá incluso con la popularización de la enciclopedia. Y no es así de ningún modo. Lo ilustraré con un ejemplo: ahora tengo acceso a miles de recetas de cocina, pero para aprender a cocinar necesito algo más que un vídeo bajado de internet. Integrar tecnología será aprender a utilizar estos recursos informativos para algo, resolviendo correctamente un problema. Pero esto solo vale para los que consideran tecnología como un repositorio casi infinito de información.

La cuestión es más profunda. Internet significa conexión; si quieres, hiperconexión. Todo estará conectado: personas, realidad, proyectos, contenidos, desarrollos, investigaciones… Ya lo están ahora y no dejará de crecer. Mi médico dice que aunque en España se recorte en investigación contra el cáncer, los avances seguirán llegando; el problema es que estaremos a la cola de los avances, pero nos beneficiaremos de ellos porque todo está conectado.

Es decir, que el futuro está en esta enorme capacidad de vivir conectado y crear proyectos comunes. Y aquí los smartphones de hoy tienen mucho que decir, aunque supongo que pronto veremos otras cosas muy diferentes. Educar para la vida requiere afrontar este reto y preparar a los chavales de hoy de cara a este futuro, para que sea verdaderamente constructivo, para que se muestren competentes. En este sentido, la competencia “aprender a aprender“, ser flexible y autoprogramable, es ya fundamental, esencial, indispensable.

Y otra cuestión, que puede resultar a muchos subrealista y que a mí me ronda últimamente mucho por la cabeza. Cuando en el futuro haya máquinas inteligentes -más que ahora y más democratizadas, por así decir- me encantaría que la inteligencia de mis alumnos diese para abarcar las máquinas y dominarlas, y no al revés. Nos harán falta muchas inteligencias, o una sola para gobernarlas a todas. Tendrán que convivir con “chismes” en todos sitios, y me gustaría que supiesen sobradamente de qué va todo esto y cómo servirse de ellas, y no que sean una prolongación de todos estos instrumentos. Algo que sólo se hará con educación. ¡Lo veremos!

De momento una legislación arcaica nos gobierna. Me parece triste, muy triste frenar el desarrollo de tantos jóvenes por las carencias de sus mayores.

PD. Que conste que no he dicho, en ningún momento del post, que el móvil tenga que estar siempre encendido en clase, ni que se pueda usar de cualquier modo, mucho menos mal o de forma hiriente y perversa. Estas cosas las doy por supuestas dentro de una recta racionalidad.

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11 comentarios sobre “Usar el móvil en clase. ¡Por supuesto! ¡Y más!

  1. Excelente, gran aportación que conlleva la necesaria reflexión. Me uno a abandonar la tendencia a enfatizar los “riesgos”. Considero incluso que no utilizar de la mejor manera, y aprovechando los beneficios, genera una incial desventaja. Me atrevo incluso a decir que no saber utilizar y aprovechar en el ámbito educativo las nuevas tecnologías, y los dispositivos que nos permitan acceder a ellas, genera automáticamente muchos más inconvenientes y abre la puerta a más riesgos. Te felicito.

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  2. No ha especificado usted qué cosas del móvil son de utilidad en clase. ¿Buscar en Google? ¿Usar la calculadora? ¿Hablar por el grupo de WhatsApp? Concrete, buen hombre.

    PD: Si el móvil está apagado no creo que se pueda utilizar… Al menos mientras esté apagado. Quizá así los alumnos tendrían que atender las explicaciones del profesor y ayuda (y mucho) que estén atendiendo y no haciendo otras cosas, quizá así podrían enterarse de algo…

    PD 2: Si no está prohibido el uso del móvil, los alumnos podrían estar con el WhatsApp sin atender en clase y nadie podría decirles nada (“está permitido”). Entienda que la prohibición, aparentemente tan denostada por usted, puede tener toda la lógica del mundo porque se puede explicar para que los alumnos interioricen esa “norma”, siendo fácil de entender en ciertos casos, casos que he deducido usted llama límites. Para usted la prohibición razonada y sensata son los límites. Quizá confunda usted prohibición con prohibición arbitraria. La prohibición, sea del tipo que sea, supone que infringir la norma tiene consecuencias (llámelas castigo o como quiera).

    No hace falta ser un lumbreras para saber que hay momentos y momentos para usar el móvil, la cuestión es si en clase es necesario su uso y, en caso afirmativo, para qué cosas.

    PD 3: Por lo demás, y más allá de que usted se haya reservado para otro día la disección del núcleo irradiador de la cuestión, a saber, qué utilidades tiene el móvil en clase, estoy de acuerdo con su tesis principal: que una prohibición total supone asumir implícitamente que el móvil no tiene ninguna utilidad. Yo estoy de acuerdo, pero quiero conocer cómo va a refutar aquel argumento, y para ello se verá en la obligación moral de decirnos qué usos se pueden dar al móvil en la clase.

    Enhorabuena por su excelsa y sensata aportación.

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      1. ¿Para qué cosas se puede usar el móvil en clase? ¿Buscar en Google? ¿Enviarle al profesor un WhatsApp para preguntarle una duda y que la pueda contestar una vez haya acabado la explicación general? ¿Hacer una foto a la corrección de la pizarra? ¿O hacerse un selfie toda la clase como forma de generar un buen ambiente de trabajo?

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  3. Hola, joseferjuan, gracias por tomarte el tiempo en escribir, muy interesante el aporte.
    Comparto tu postura, y no solo con el celular, sino con las TIC en general. Son herramientas, decir que son buenas o malas es un juicio incorrecto. Sí, en cambio, se puede hacer un juicio de valor acerca del uso que se hace de la herramienta. Pero al no ser mala, tenemos por delante un espectro muy amplio de usos positivos que podemos hacer con ellas, o mejor, que los alumnos pueden hacer con ellas.
    Sería interesante plantearnos muchas cuestiones a resolver. A saber: ¿conviene decirles a los alumnos “saquen sus celulares” como con los libros? ¿No existe el riesgo de exponer a quien quizás no tiene celular? ¿No convendría entonces en la primera clase hacer un sondeo, para estar seguro si todos tienen celular, y si todos tienen, usarlo, y si no, buscar otras maneras? Podría convenir que sea por escrito, a modo de formulario, preguntándoles también cuestiones aparte. En el caso de que no todos tengan, ¿conviene el uso de algunos sí y otros no? No me parece. Sería una desigualdad de oportunidades. Ahora, podríamos bien ir a la sala de computación, pero… ¿Y los colegios que no tienen?
    Me estoy yendo por las ramas, perdón. Suponiendo que sí lo usamos, ¿cómo hacemos para que los alumnos no se distraigan con otras aplicaciones? ¿Qué métodos disciplinarios podríamos aplicar para controlar que los alumnos no se metan en cualquier lado, y “se vayan” virtualmente de la clase? Considero que estar revisando los celulares es una violación a la privacidad, y no hallo una forma, al menos hasta el momento.
    Sin embargo, si lográramos pautar, como vos decís, normas y métodos para asegurarnos que no se”vayan de la clase”, tendríamos un universo enorme de posibilidades y mayor riqueza en el conocimiento, fuentes, multimedia, diálogo, teorías, posturas sobre las teorías, recursos para el debate, etc.
    Antes de hacer, tenemos que ver cómo hacer. Pero sí, realmente es una herramienta utilísima.
    Saludos y nuevamente, gracias por escribir.

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