Cuida tu historia “en la red”

Frente a todos los que piensan que las redes sociales no son nada más que postureo y falsas apariencias, una vez más -y no será la última- Twitter arde con la historia de un personaje que acaba de saltar a la política por declaraciones vertidas hace años.

Insistimos, y no nos cansamos de hacerlo, que todo lo que se escribe y se hace queda de algún modo grabado y guardado, y quizá con el tiempo haya muchas cosas que no sean convenientes o puedan provocar situaciones incómodas -cuanto menos-. A ver si nos enteramos de una vez: Twitter, Facebook, Instagram, LinkedIn, Google, cualquier red social tiene una memoria extrema, mucho mayor que la nuestra, que además no contextualiza lo suficiente y que puede jugarnos una mala pasada. Así de simple, así de claro. Que nosotros no nos acordemos no significa, desde ya, que otros no puedan acceder a lo que hicimos, dijimos, opinamos, creímos expresar libremente y sin cortapisas. No hablamos para nuestros amigos en las redes, sino que lo hacemos en público. Incluso cuando creemos que hemos seleccionado bien una lista de contactos, nada te asegura que ese mensaje enviado no pueda saltar a la palestra y airearse a los cuatro vientos.

Es una cuestión, creo yo, de educación. Una nueva educación es necesaria, o un nuevo empuje a la educación en ciertos valores que siempre fueron importantes. No todo puede ser público, nunca como ahora, además, aquello que se dice sin pensar puede tener efectos y consecuencias que no manejamos ni controlamos. Nuestras palabras son nuestra presentación, reflejan nuestra persona y personalidad. De esto no me cabe la menor duda. Ahora toca reflexionar seriamente sobre lo que estamos haciendo con nuestras vidas y si conviene, o no, retomar la importancia de la vida privada y de la cercanía de los amigos para ciertas cuestiones. Lo privado, la conversación en el hogar, la charla de café con los conocidos, siempre fueron la condición de posibilidad de otros ajetreos y acciones más allá de las paredes que nos escuchan conociéndonos. Lo público, por definición, es el encuentro con el otro, sobre quien no tengo ningún derecho ni relación que haga justificable “mis cosas de siempre”, “mis dejes y mis maneras”, “mis formas ya conocidas”… En público hay que ser doblemente prudente. Toca aprenderlo, para quien lo ha perdido de vista.

No digo mucho más. Porque también creo que sobre lo que está pasando se ha generado más ruido del necesario, sin tocar cuestiones de fondo, como la ingenuidad con la que muchos hablan por Twitter. Ojalá la ley se haga en esto amiga de la humanidad y se combata lo que no pertenece a este ámbito.

Con una buena máquina de escribir, esto nunca hubiera pasado.

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