Defensa de los propios principios

Por lo general, cada persona dice tener sus propios principios, cree que son suyos y no está dispuesto a cambiarlos fácilmente. Los principios actúan como máximas de su vida dispuestos a dirigir a las personas hacia su meta. Lo primero que se plantea, por tanto, es la posibilidad de que según la meta y dirección las personas adopten unos u otros. Por tanto son variables.

Corrijo un punto del párrafo anterior, que afecta a todo lo demás. Cada persona tiene sus principios, toda persona tiene principios. Otra cuestión, y aquí está el matiz, es si corresponden o no con lo que él o ella dice, con lo que él o ella cree. Y si los puede mantener con el tiempo, es decir, si son o no verdaderos principios. Aquello que cambia, al estilo de Groucho Marx, según el gusto de la gente o se adapta tan radicalmente, quizá no sea tan digno de defenderse.

Cómo defender los propios principios, entonces:

  1. Examinarlos a conciencia. Motivos también por otro principio: si no lo hacemos nosotros mismos, otros o las circunstancias lo harán hasta ponerlo a prueba como si fuera un terremoto y devastarlos por completo. Qué sabia es la moraleja de los tres cerditos. Examinarlos significa por tanto conocerse a uno mismo, buscar claridad y sinceridad, ponerlos a prueba.
  2. Dialogar más allá de uno mismo. Para esto el primer paso son siempre los buenos amigos. Luego otros, que gracias a las redes sociales están muy cerca en ocasiones. Toda persona, es verdad, no vale para dialogar. Requiere madurez y responsabilidad con uno mismo. Hay quien dialoga para defender lo suyo, para conocer lo ajeno, y quien lo hace para poner a prueba lo suyo y buscar la verdad. Lo mejor, con diferencia, es lo segundo. Pero no se llega a este punto de forma natural, sino venciéndose a uno mismo. Algo que vale para política, que está estos días encendida, e igualmente para la casa, donde se habla mucho en el mejor de los casos.
  3. Ponerlos por escrito. Y saber si aguantan con el tiempo, si respondemos a ellos, o si por el contrario vienen y van, sin afectarnos demasiado. Escribir no ha sido una tarea pública hasta hace poco, así que vamos a recurrir a lo privado y personal para hacerlo. Escribirlos no para otros, sino para  uno mismo, con entera y absoluta libertad, y de igual modo poder revisarlos.
  4. Asumir las consecuencias. Cuando comento con mis alumnos estas cosas pongo mucho énfasis en la responsabilidad, que suponer ser “dueño” no sólo de lo que “quería que fuera”, sino de lo que realmente hice y fue, y lo que vino después con motivo de mi acción. Lo contrario de lo que muchas veces enseña aquello de “vive el presente”. Cuando no encontramos bien nuestros principios quizá sea porque no hemos atisbado suficientemente bien lo que sucede en lo que hacemos.
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