Tres cosas evitables que deberíamos evitar

La realidad real suele ser muy compleja. Quizá no tanto porque sea complicada, sino porque está compuesta de innumerables elementos y variables en un equilibrio inestable. O dicho de otro modo, porque muchas pequeñas cosas están muy próximas y relacionadas entre sí. De modo que la parte pequeña, insignificante y minúscula, afecta al todo. Saber esto es también abrir la puerta a asombrarse de la belleza del mundo, de la grandeza de lo humano, de lo fascinante de las relaciones y de la historia. Huir de las simplificaciones y de las reducciones sería mi primer consejo en la vida. Algo que, dicho sea de paso, repito incesantemente a mis alumnos. a mis amigos y a mí mismo cuando se pronuncian alegremente con aires de prepotencia que huelen a totalitarismos. También tuve que aprender esta lección.

Lo más interesante de pensar que algo es “evitable” es que puede “evitarse”. Bien sabemos que no todo lo evitable se torea con facilidad, pero deberíamos tomarnos más en serio esta cuestión. Frente a las cosas evitables están las “necesarias”, que son más bien pocas en comparación con el resto. Sobre todo cuando consideramos que el “fondo” de la realidad es crucial, la “actitud”, aquello que “no se ve” puede determinarlo todo.

  1. No empeorar las cosas, cuando comienzan a torcerse. De esto nos deberían dar clase en todos los colegios. Aprender a ver la realidad, porque todos sabemos que hay un punto que sirve de inflexión y que puede terminar mal. No sé por qué, pero los humanos nos empeñamos muchas veces en echar mierda donde hay más. Y luego cualquiera se enfrenta al montón que hemos ido construyendo. ¿No sería más razonable limpiar cuando hay poco, en lugar de dejar que pase y pase el tiempo, en lugar de hacer más mal?
  2. Cuidar de lo importante, lo primero. Con la comida no se juega (espero que no se pierda nunca este refrán), pero tampoco con las personas, con los afectos, con las ideas, con el pasado y con el futuro. Tratar todo por igual, sin darse cuenta de los nudos de la vida, es un desprecio y un sinsentido que llevará a cometer errores garrafales. No todo es igual dentro del equilibrio de la vida. Descuidar esto significa verse encerrado en una espiral en la que todo puede dar más o menos igual, en la que no haya prioridades de ningún tipo, en la que seamos veletas en manos de las circunstancias sin proyecto ni dirección. Lo importante debe estar siempre en el centro, protegido y cuidado.
  3. No perder el tiempo. Hay un momento clave en la vida en el que se reflexiona sobre el tiempo, que no diré aunque todos conocemos. Hay un instante en el que todo se vuelve más o menos problemático y radical, que nos enfrenta a una gran verdad: el tiempo no es la vida, pero la vida está ligada al tiempo. Dar sentido al tiempo es acoger, dicho de otro modo, la vida. Es como si la vida, con su paso, se asentarse temporalmente en la historia de cada uno. Y esta historia no está escrita, pero puede pasar sin más. Perder el tiempo es lo más estúpido de lo más estúpido que puede hacer alguien, porque el tiempo es su oportunidad, su poder, su fuerza, su momento. Hablo en tiempo presente, indiscutiblemente, pero también en tiempo futuro, en capacidad de proyección, en nuestro arrojarnos más allá de nosotros mismos y trascendernos, y en tiempo pasado, en tanto que aprender de lo vivido, guardarlo a buen recaudo y jamás de los jamases perderlo u olvidarlo.
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