10 puntos clave de la realidad digital (@entreP_)

De una u otra forma, la realidad digital se viene imponiendo y cada vez cobra un papel más predominante en la sociedad, en la cultura y en la política, sea en lo privado o en lo público. Muchos son los que llevan ya consigo un móvil con conexión a internet y están presentes en las redes sociales, sin olvidarnos por ello de quienes no han podido subirse al ritmo de los nuevos tiempos. Especialmente entre los más jóvenes, su avance es progresivamente imparable y se percibe con una espontaneidad casi ingenua. Lo cual diseña un futuro en el que la comunicación y relación digital es verdaderamente imprescindible.

Con esta mirada, entreParéntesis (una iniciativa de la Compañía de Jesús cuya referencia principal es un blog de reflexión diversa, con el lema “Dialogar en las fronteras”) ha planteado un seminario en tres sesiones desarrollado en el MediaLab-Prado de Madrid, dentro del Máster en Comunicación, Cultura y Ciudadanía Digitales, con el objetivo de analizar y compartir intuiciones en torno a la presencia del hecho religioso en el mundo digital.

Durante los encuentros, se ha contado con la presencia de expertos tanto del mundo de la comunicación, que han facilitado unas claves fundamentales para revisar y potenciar adecuadamente la presencia en dicho entorno. Entre los ponentes, la primera sesión corrió a cargo de Gustavo Entrala (@GEntrala, director de 101, la agencia encargada de @Pontifex), Jesús Bastante (@BastanteJesús, de Religión Digital) e Isabel Ramis (@yayel, bloguera y activista). La segunda fue moderada por Gumersindo Lafuente, y como ponentes estuvieron Abraham Canales (HOAC) y Francisco Polo (change.org). Y en la última, un equipo de alumnos de la UPCo presentó a través de la Consultoría Social de la universidad presentaron un estudio realizado sobre el contenido de 29 páginas web religiosas, y hubo una mesa redonda moderada por José María Villanueva (de EuropaPress) que contó con Fran Otero (de La Razón), Silvia Melero (de R21) y José Lorenzo (de Vida Nueva). Cada sesión tenía su propio tema, de modo que en la primera se abordó la figura del Papa Francisco, en la segunda se estudió el ciberactivismo de matriz religiosa y en la tercera se mapeó la presencia de lo religioso en la red.

Sin ánimo de acaparar toda la riqueza, propongo una síntesis a través de diez claves que considero que han sido muy valiosas, que también se han repetido de uno u otro modo en las sesiones.

  1. Cercanía y proximidad. Lo primeo que se destaca es el movimiento, venido de otras globalizaciones, de acercamiento entre personas, entre realidades, de comunicación bidireccional y espontánea entre las personas que crean red. Quizá de lo más importante del cambio 2.0 sea la integración dentro del gran sistema de internet de usuarios capaces de crear y de compartir contenidos, que sin embargo ha derivado en la relación entre personas a través de las redes sociales. Son ellas los canales principales por los que fluye la información, los contenidos, pero donde las personas van adquiriendo una mayor participación. Internet, sin duda alguna, nos da la oportunidad de aproximarnos, con sus limitaciones.
  2. Coherencia y autenticidad. Analizando el caso del Papa Francisco, y su capacidad para crear eventos comunicativos en los que participa mucha gente sin ser él el foco principal de difusión, percibimos que la clave de su éxito está en su especial humanidad, en cómo ha conseguido conectar con los otros a través de su coherencia personal y su autenticidad. Aunque de primeras pudiera parecer que las redes sociales están tomadas por las palabras, lo cierto es que un análisis primario destapa la importancia de los hechos, de las acciones. Es ahí donde el Papa Francisco sabe comunicar con especial maestría. Dicho lo cual, no se trata de “hacer para comunicar”, no hablamos de “postureo” sino de una verdadera libertad interior y personal de la cual las redes sociales se han un eco particular. Los ejemplos pueden ser numerosos, todos hemos sido testigos de alguno de ellos. Internet nos hace partícipes de los mismos de manera comprensible. La coherencia del Papa Francisco reclama también una vida más auténticamente evangélica en toda la Iglesia y también es capaz de interpelar a los no cristianos, o indiferentes.
  3. Imagen y reputación. Quien crea que no está en la red es porque no ha mirado lo que dicen de él. Planteado de otro modo, o hablas de ti mismo (por ejemplo, pensando en la HOAC) u otros serán los que lo hagan por ti, sin ser capaz de controlar tu propia imagen y gestionar tus propias posibilidades. Lo que los expertos llaman “branding”, gestión de la marca. La reputación en la red no es unidireccional, pudiendo decir cada cual lo que quiera de sí mismo. Algo es controlable, pero en la medida que entramos en relación –como en la vida misma- y no estamos encapsulados en una página web de excelente presentación, comienza a ser necesario prestar oídos a lo que otros dicen. La red, en este sentido, es tremendamente horizontal en tanto que permite situar a una persona concreta a la altura de cualquier otra, con una gran capacidad de diálogo y de confrontación. Dicho lo cual, es interesante en este sentido saber la “huella” que dejamos en las personas y de qué manera entablamos un trato que sea significativo. A la iglesia, sin duda alguna, le pesa mucho su institucionalidad y su historia. Pero vemos cómo hay muchas posibilidades, alejados de las quejas de siempre ante lo nuevo y lo diferente. “Ser lo que aparentas ser”, recordando a Sócrates.
  4. Internet es una parte del mundo, un entorno, una atmósfera. Algo que se ha repetido de muchas maneras a lo largo de todo el seminario. No tanto una herramienta, como un mundo con personas que se comunican a través de herramientas. Que hablan de lo que les preocupa, de lo más cercano muchas veces, de los intereses y de lo que les atrae. Una atmósfera que todo lo llena y que va creciendo en relevancia y capacidad para extenderse de muchas maneras. Donde conviene destacar, para no confundirse, esa personalidad creciente de la red, la necesidad de atención, de escucha, de simpatía, de compasión. Lo humano, lo más humano en la red triunfa.
  5. Influencia en la sociedad, en la totalidad. La tónica general del seminario ha sido muy activista, de compromiso social y de participación. Por eso se ha subrayado tanto esa dimensión de la red capaz de cambiar las cosas empoderando a las personas, dándoles voz. Aunque algunas críticas, venidas de fuera, cuestionan la red como algo de “sofá”, algo “calentito”, algo “light”, la red ha demostrado en su corta vida que tiene gran capacidad para provocar cambio a través de la opinión, generar movimiento –e incluso revolución- social. La capacidad de impacto es indiscutible. Aunque sus fortalezas son muchas, una cuestión crucial es la forma a través de la cual se enfoca de forma decidida el mundo, pendientes de lo más concreto, con mayor libertad de expresión, con una gran capacidad para generar sinergias y asociar personas. De algún modo descubrimos que nos enseñan a mirar hacia lo pequeño y lo posible, y a partir de ahí seguir avanzando para afrontar responsablemente los grandes retos.
  6. Presencia activa, participación y liderazgo. Ligado a lo anterior, surge un nuevo modo de liderazgo y participación, una nueva forma de compromiso. Muchas personas más luchan por el cambio social y se hacen presentes de forma particular en la red. Además con causas más personales. Si antes hablábamos de horizontalidad, la red parece expresar cada vez más en un movimiento que parte de la base, de la implicación ciudadana y del compromiso concreto de personas concretas. Todo se desarrolla al modo de plataformas, grandes y pequeñas, que consiguen generar presión mediática y un fuerte impacto local o global. Para comprenderlo es necesario reparar en que hoy la información llega a través de personas, no de los grandes medios, que sirven esencialmente de comunicadores a la vez que de filtros para los contenidos. La participación e implicación hoy es clave, dejando de ser meros receptores, pasando a ser interlocutores.
  7. Velocidad de actuación. La red ha traído grandes cambios. Cuando hablamos de velocidad no estamos comparando la descarga de bits del cable y la fibra óptica, sino la velocidad de movilización y actuación. Los impactos ciudadanos son mucho más veloces que antes y provocan cambios antes, lo cual retroalimenta a su vez la velocidad de la red implicando a otras personas y haciendo tomar conciencia de su potencial. Se han rebajado barreras para la participación, pero si no existieran esos resultados positivos inmediatos. Quizá, con ello, nos hemos ligado en exceso al presente, olvidando otras cuestiones de mayor profundidad y calado, otra forma de leer el mundo que requiere más espacio y tiempo, y que conviene recordar más a menudo. La ambivalencia de la red, en este sentido, también nos demanda cautelas y cuidados.
  8. Creando comunidad. Indiscutiblemente toda la red es, por sí misma, comunidad, vinculación, conexión. Estas relaciones son de diversa índole. Las relaciones se han multiplicado, nos brinda la ocasión de conocer a más y más gente, lo cual no significa a priori debilidad en los lazos, ni la distancia virtual genera automáticamente un falso interés o simplón utilitarismo. En la red se generan auténticas comunidades, plataformas de relación, intereses encontrados que se van ampliando. Esto, como siempre, porta en sí la semilla de lo cerrado. La apertura es una conquista a realizar con inteligencia, con nuevos lenguajes más inclusivos, subrayando más lo que une y es común, que lo que separa y diferencia. Toda la red es comunidad, de por sí, pero dentro de ella conviven múltiples grupos. En este sentido conviene plantearse nuevamente cómo cuidar a los que tenemos cerca y al tiempo ser capaces de abrirse a otros y dialogar en estas fronteras.
  9. Comunicar es escuchar, dar la palabra al otro. Como en el tema de la reputación, no todo en la red se puede decir de forma unívoca y unidireccional, para ser escuchados y aplaudidos sin más. Quizá los medios religiosos han sido tendentes a ser la voz ante el gran público de la palabra de la iglesia más institucional, de los obispos, con sus eventos y comunicados. Ahora lo religioso pasa también a ser necesariamente una escucha de la gente de la calle, a acoger sus deseos y sus esperanzas, sus preocupaciones y tristezas. El hecho religioso en la red cobra una dimensión de mayor relación que información, con más opinión que doctrina. O así al menos lo demandan, según una pregunta, los más jóvenes. Relativistas en un mundo relativista, internet es un ámbito donde el respeto, la tolerancia parecen fundamentales. “Entrar” de otra manera supone necesariamente recordar a un elefante en una cacharrería. Y no conviene olvidar que toda persona en la red elige qué quiere oír y qué no, a quién le merece la pena seguir y quién no, dónde encuentra valor y dónde no.
  10. ¿De qué realidad queremos formar parte? Dicho de otro modo, ¿cómo te posicionas? En ocasiones se perciben todavía ecos de la dicotomía real-virtual, que optan por una de las dos presencias. Sin embargo, vamos tomando conciencia de la necesidad de estar y responsabilizarnos con el modo de estar en el mundo que viene, en el que no existe esa dicotomía radical y se pasa a hablar de ámbitos de la vida, incorporando lo digital a todas las acciones y dimensiones de la vida. Sin embargo, esto reabre un debate interesante sobre cómo estar en el mundo y qué presencia debe tener el hecho religioso en una sociedad de marcado carácter relativista, con lenguajes nuevos mucho más visuales. En este sentido más de un ponente destacó que no se pueden favorecer los proyectos digitales sin formación, sin planificación, sin reflexión. Por lo tanto, necesidad de conjugar la espontaneidad y la autenticidad con ganar terreno, evitando ausencias de las que también somos responsables. No se trata de mera posicionamiento cuantitativo, sino de un posicionamiento cualitativamente diferencial, sin cerrarse exclusivamente en el contenido.

Respecto al mapa de lo religioso en el mundo actual, revisadas una treintena de páginas web, parece claro que la mayor parte de iniciativas religiosas en el ámbito digital se dedican principalmente a la información religiosa o de matriz religiosa, desde perfiles que potencian en mayor o menor medida sus propias comunidades cerradas. También es importante observar cómo consideran a sus destinatarios, pues en pocas ocasiones se pone el acento en cambiar hacia una mayor interacción e inclusión, valorando el diálogo y la apertura del mundo religioso. Sin embargo, visto el mapa general se percibe una gran pluralidad de iniciativas que reflejan la misma pluralidad de la Iglesia, de sus carismas y misiones propios, con voces que se van convirtiendo en relevantes fuera de la estructura más oficial. Cambios como estos son los que va impulsando a gran velocidad la red.

Seguimos dialogando. ¡Gracias!

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