Dedícate un día para intentar pensar por ti mismo

Es la primera propuesta, sencilla y muy práctica en principio, de un libro de filosofía (no de autoayuda o espiritualidad) que ha caído en mis manos. Me parece genial que comience así, sin dar más lecciones que intentar comunicar al lector la necesidad de comenzar a pensar (algo que sólo se puede hacer en primera persona).

Pone sobre aviso, para quien quiera intentarlo, de estar atento a cualquier palabra o mensaje que reciba durante ese día intenso. Aquello que viene “de fuera” es claramente ajeno. Debe ser por tanto revisado, en la medida de lo posible.

Otra cuestión, mucho más profunda, es si aquello que viene con nosotros, y que parece nacer de dentro, es realmente propio o si ha sido apropiado vagamente ocupando un hueco en el que no había nada, y ahí ha anidado y criado, se ha hecho parte de lo nuestro haciéndose pasar por algo en lo que no nos hemos detenido.

Cuando pienso en la propuesta del libro, me parece tremendamente difícil y, a la par, absolutamente necesario. Algún día hemos de comenzar esta tarea si queremos vivir nuestra propia vida, en lugar de permitir que sean otros sutilmente quienes la manejen a sus anchas inoculando sus propios intereses.

Y recuerdo que estos días he intentado con mis alumnos, explicar la necesidad de tener principios propios, asegurándose de si son justos o no, buenos o no. Ha sido un diálogo precioso, en el que buscábamos poner en jaque -refutar- aquellas cosas que torpemente creemos que son verdaderas y que, sin embargo, cuando nos paramos a ver cómo actuamos nos damos cuenta de que son de lo más laxo y vulgar, que carecen de consistencia y nos hacen vagar y mudar una y otra vez de parecer, de opinión, de posición en la vida.

Una sola idea, aunque parezca mentira, puede ser suficiente. Sin embargo, tenemos muchas más pululando en el corazón, en la mente, en el cuerpo. Por ahí andan cientos de ideas de las cosas, del mundo, de las personas, de nosotros mismos. En ocasiones entre ellas entran en conflicto y luchan, y se pueden escuchar batallas si prestamos atención y le damos el interés que se merecen. Deberíamos guerrear más por nosotros mismos.

La foto que he puesto, para quien haya llegado hasta aquí, me parece un discurso fácil, una solemne tontería, una propuesta estúpida. Comprendo lo que quiere decir, aunque no comparto el resultado final. Parece una gran frase y se queda en algo que estoy seguro de que se pintó por intuición sin dedicarle ni un minuto de reflexión. Es esto precisamente, esa falta de reflexión y delicadeza, esa escasez de finura lo primero que habría que combatir y ponerse exigente con uno mismo. Nos va la vida en ello. La propia y la ajena, empezando por la de aquellos que más queremos y terminando en la de aquellas personas a las que debemos querer más.

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