Sólon es de esas figuras de la historia que no perteneció, ni de lejos, a la esclavitud que a la mayoría aprisiona en su época. Unos hombres se encadenan a sí mismos en el presente, mirando exclusivamente los resultados torpes de unas elecciones que durarán como máximo cuatro años. Otros, sin embargo, se condenan aún más viviendo distrofiadamente en un presente que no les corresponde, haciendo referencia continua a lo que se vivió en otro tiempo. Pero Solón no fue ni de los primeros ni de los segundos.

En el siglo VI aC, cuando todo parecía fijado y predispuesto por aquellos dioses que jugaban con los hombres, empezó a dar pasos hacia una sociedad más justa contra todo lo esperado en el momento, con maestría, inteligencia. Seguramente se quedó corto en su pretensión, y llevado por su ímpetu hubiera trastocado más las cosas. Pero como buen hombre, como hombre prudente, supo también templar gaitas, bien situado en el mapa de relaciones de la época. No sé qué hubiera hecho si le hubiesen dejado, pero alabo su paciencia y cada uno de sus pasos.

Lo suyo no duró mucho. Pronto llegaron los que retrocedieron. Su memoria, sin embargo, sigue removiendo a quien lee lo que hemos conservado como un tesoro. ¡Qué actual, Solón, por desgracia!

Es tiempo de diálogos prudentes y serenos. Los ciudadanos deberíamos exigirlos. Aunque me temo que eso sólo se da entre aquellos que no se han aferrado a unas filas, quienes no se han cavado su propia tumba entre trincheras.

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