Este fin de semana ha sido el encuentro de #iParty en varias ciudades. La gente que organiza estas cosas es estupenda y muy entregada. Además, siento una alegría especial al ver que nuevas personas se van sumando con inquietud e interés. Pero la inquietud y el interés no nos llevarán muy lejos. Hace falta, en la medida de nuestras posibilidades algo que se puede llamar de muchas maneras, aunque termina siendo “acción” y “buena acción”. Entre hacer y hacer bien hay una distancia infinita. Que daría para muchas tesis doctorales en las manos de sabias personas.

Personalmente he aprendido mucho en este encuentro. Tengo una sudadera que, según parece, me hace más gordo de lo que estoy y queda muy mal en las fotos. No volverá a suceder. Y también he repasado algo importante: un buen tema tiene que ser un tema gracioso. Más aún tratándose de la gracia del Evangelio. O hay humor, o mejor no decir muchas cosas. Que luego nos arrancamos y ya nos conocemos. foto

Para cerrar decir que en la red se escucha de muchas maneras. La única que vale es aquella en la que se habla. No hay verdadera escucha sin palabra ni contacto. ¡Vamos, como en la vida real! Que a mí no me gusta eso de que la gente lea lo que pones, o vea lo que compartes sin que te digan nada de nada. Cuando es personal mucho más que cuando se trata de un articulito de pensamientos que vienen tan pronto como se van. Y esto de escuchar, escuchar en la red, hay que aprenderlo casi desde cero. Porque aquí, en Twitter, en Facebook, en Instagram podemos confundir fácilmente escuchar sin implicación, escuchar desde ventanas a distancia y con grandes telescopios. Esto, amigos míos, no es escuchar, ni compartir, ni leer, ni mandangas de la china. Para escuchar hay que hablar.

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