Harto, cansado, fastidiado, aburrido de tanta tristeza. No conozco a nadie que se prepare para una gran fiesta creyendo que es el mayor de los sacrificios, y nadie que haga sacrificios pensando que está haciendo lo mejor del mundo.

¿Dónde está tu corazón? ¿Tienes corazón de carne, corazón de piedra, corazón despistado, corazón indiferente? ¡Tiempo de locura, de valentía, de atrevimiento, para espabilar el interior y mostrarlo, para que se note algo diferente, para cumplir los sueños, para arriesgar apostándose a sí mismo, para hacer la opción de tu vida, para dar la vuelta al mundo, para jugar como nunca lo hemos hecho, para superar las tristes apariencias y profundizar en la maravilla que nos rodea.

¡Basta ya de mensajes lastimeros centrados exclusivamente en uno mismo, en su propio egoísmo insatisfecho! ¡Basta ya de indiferencia ante la vida! ¡Basta ya de rechazar el regalo de la vida, de vivir sin enterarnos, de dejar correr el tiempo, de acoger sorpresas con la cara de siempre, de mirar sin mirar, escuchar mal lo bueno y prestar oídos atentos a lo malo! ¡Basta de propósitos absurdos, de retos artificiales, de calendarios improvisados, de dirigir con papel y bolígrafo los sentimientos! ¡Basta de sorderas! ¡Dios nos habla al corazón! ¡Dios nos alegra la vida, nos hace felices! ¡Que se note!

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