Mis alumnos, entre 14 y 17 años,  no dejan de sorprenderme. Ellos están en las redes sociales, salvo excepciones, porque están y son del siglo XXI sin tener que pensarlo mucho. Yo diría que es lo que toca en los tiempos que corren, igual que en épocas pasadas se hacían otras cosas. Y me parece estupendo.

Lo que me alucina es su forma de estar, tan activa y tan constructiva. Se relacionan sin miramientos, se hacen presentes continuamente, se apoyan unos a otros. No diré que no hay conflictos, pero no es lo normal ni mucho menos. Es más, más bien tengo la sensación de que unos y otros, en cuestiones fundamentales, se apoyan y refuerzan.

Digo que me sorprende porque no pasan 10 minutos desde que cuelgan una foto en Instagram y ya tienen decenas de corazoncitos y comentarios. Esto es una red eficaz, una red potente. Frente a las débiles que, pese a los esfuerzos, no logran ningún tipo de impacto o muy pequeño.

No es que mis alumnos, y los jóvenes en general, tengan muchos o pocos seguidores. Es que los que tienen, a diferencia de los que gastamos otros números, son vínculos muy sólidos y muy activos. Y a mí me hace pensar. En general siempre me dan quebraderos de cabeza, de uno u otro modo, pero esta vez me hacen pensar para celebrar lo contrario a lo que en tantas ocasiones se habla con superficialidad de ellos.

Las claves de todo esto, a mi entender, son las siguientes:

  1. Ni están en todas las “redes” que hay, ni les interesa en absoluto. Se han centrado particularmente en dos con mucha fuerza. La primera de ellas, Instagram. Son unos cracks. La segunda, a bastante distancia, es Twitter. Las fotos han conquistado su corazón. Se mueven por lo visual y por las “píldoras” de sabiduría que van aprendiendo.
  2. Conectan la red con su vida. Todavía hay quien lo entiende por separado, y no son pocos, e incluso como un instrumento o medio de comunicación junto a los medios de masas tradicionales. Pero esto lo piensan los adultos porque “no viven las redes”. Los jóvenes viven incrustados en la red, son 2.0.
  3. Comparten momento, porque la vida se lo marca así, de acción en las redes. Están simultáneamente. Sus horarios cuadran. Lo que para otros es fruto de la estrategia por buscar el momento oportuno, para ellos resulta algo necesario y directo.
  4. Saben relacionarse recíprocamente. En situación de igualdad. Comparten en las dos direcciones, se leen mutuamente, se escuchan mutuamente, se atienden mutuamente. De tal manera que lo de uno es importante para muchos y lo de muchos para uno.
  5. Pueden formar comunidades cerradas, ciertamente. Extienden su red conociendo gente nueva por algo que resulte llamativo y cercano. Pero no es una de sus preocupaciones. Los seguidores que suman, tienen que sumar algo interesante en su red.
  6. Hay interés compartido, manejan el mismo lenguaje, se identifican entre sí y se refuerzan por lo general. Están en lo mismo. Característica también de lo polarizados que están.
  7. Son espontáneos, se muestran con mucha libertad. Tanto que en ocasiones para  un adulto puede romper ciertas “normas de vida” que hemos aprendido. Pero lo suyo genera mucha complicidad, y la complicidad crea mayor vínculo.

Para los que están, y hacen algo más que hablar, es fácil comprender todo esto. Para los que viven preocupados por el número de followers aquí encontrarán una lección sencilla y un baño de realidad brutal.

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