Me encanta Kant

¡Qué pena me da que, por mis torpezas y palabras, otros puedan perderse lo fundamental! ¡Qué pena me da que mis alumnos se atasquen en palabras que no comprenden, o cuesta comprender, como quien mira un cuadro sin ser capaz de ver más allá de las pinceladas, sin la distancia que ofrece la vida! ¡Qué pena me daría, y me convertiría en un profesor penoso, si no pudieran reconocer la bondad y la lucha por la libertad que existe detrás de la filosofía de Kant!

Yo recuerdo con tanto cariño a mis profesores y maestros, que no se me ocurre otra cosa más que dar las gracias porque me enseñaron a pensar. No pocos, más de uno, tuvo el atrevimiento de repetirme una y otra vez que pensase por mí mismo en lugar de decirme qué tenía que repetir para acertar. Es más, muchos fueron los que no tuvieron ningún problema en acompañar mis primeros intentos, con paciencia y ofreciéndome libertad.

Mis tutores nada tuvieron que ver con aquellos que Kant critica por aprovechados y por esclavistas, nada más comenzar su obrita sobre la Ilustración. Nada más lejos de la realidad.

Lo fácil, y lo llevo sabiendo un año y otro año como profesor, es lo contrario. Preparar un examen sencillo sobre diez o veinte páginas, con preguntas en las que no haya ningún tipo de implicación personal. Cosas que se puedan aprender sin excesivo esfuerzo, que refuercen la autoestima y la seguridad en sí mismos… ¿Para qué? ¿Para seguir dominados, sin pensar, sin atreverse a pensar, sin el esfuerzo y la exigencia de pensar por sí mismos?

Mejor lo contrario, aunque duela. Pensar la propia vida. Examinarla, que dice Sócrates. Eso provoca liberación, como recuerda la sentencia de Juan. Lliberarse es lo primero, lo fundamental. Romper esclavitudes, quebrar adhesiones que no sabemos de dónde hemos heredados, quitar de encima el manto que impide caminar, apagar la televisión que no nos deja ver y el iPod que no nos deja escuchar, abrir la puerta de casa para salir a dar un paseo también en soledad y fijarnos en lo que sucede dentro y fuera de nosotros mismos, separarnos de nuestras viejas supersticiones y de la terrible necesidad de justificarnos a nosotros mismos para darnos de bruces con la realidad, e ir a su vez más allá de ella. Despertar, en una palabra. Aprender, pero de la vida. Agradecer de todo corazón que estamos vivos, sea el tiempo que sea. Reconocer en serio y sin ambages al otro, al más cercano, al próximo, y tender la mano.

Bien sabían mis maestros que la vida, sin hablar entonces de crisis, no era fácil, ni ligera, ni cómoda en pleno estado del bienestar. Bien sabían, y me hicieron saber, que toda persona esconde una maravilla que tiene que ser descubierta y alumbrada, que no sale por sí misma, ni aparece mágicamente sin hacer nada. Bien sabían que la vida sin voluntad se queda en nada, y que cuanto más empeño hay más gratitud, mejor mirada, mayor humanidad sorprendida y sobrecogedora presencia del misterio.

A los jóvenes de hoy hay que decirles que si quieren sentimientos de verdad, si quieren poner pasión en lo que hacen, que se atrevan a pensar. Sapere aude, chavales! Aude!

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Un comentario sobre “Me encanta Kant

  1. Existe cierta costumbre muy arraigada en nuestro tiempo que consiste en que todo está bien, todo nos puede enriquecer, que probemos cosas nuevas, que leamos cosas diferentes, que tengamos la mente abierta. Dominados como estamos por la dictadura de las costumbres, poner en tela de juicio este dogma de fe es pecado mortal y causa de lapidación pública por parte de los neoinquisodres laicos si nos lo cuestionemos y peor aún, si lo rechazamos.
    Estos moralistas laicos han copiado las técnicas y estrategias evangelizadoras milenarias de la Santa iglesia Católica, que durante siglos ha hecho pensar a las personas y las ha conducido hacia el camino de la Conversión. Ahora nos dicen que nos van a hacer pensar, reflexionar y cuestionarnos nuestros principios. Mire usted, señor moralista laico, no me diga lo que tengo que hacer que porque yo hago lo que quiere mi Señor, no lo que a usted le da la gana. Los cristianos tenemos obligación moral de alejarnos del pecado, de rechazar el mal, de acercarnos a Dios, al Amor, a la verdad, de llevar una vida cristiana y no una vida pagana. Toda cosa que yo no estoy seguro que sea 100% cristiana y digna de Jesucristo la rechazo. Perdonen ustedes que no lea algunos libros y que prefiera mi San Agustín, mi Kant, mi Platón, mi Aristóteles, mis libros de Santos y sobre todo mis Sagradas Escrituras. Toda cosas que vaya contra Dios no me interesa, lo siento, Llamadme poco ilustrado, zote o cerrado de mente, pero es que me sobra con lo que proviene de Dios, nada me falta.
    Insisto en que hacer pensar solo es bueno cuando se encamina los pensamientos hacia buenos fines, hacia Dios. Los malos hacen también pensar, pero haciendo trampas para que rechacemos a Dios: juntan una premisa verdadera con una falsa, luego la conclusión es falsa; parten de dos premisas ciertas y hacen un mal razonamiento, estableciendo una conclusión falsa; etcétera. Satanás quiso hacer “reflexionar” a Jesucristo varias veces, pero Jesucristo no cayó en la trampa del diálogo y la reflexión pérfidas y le dijo: “Aléjate de mi, Satanás”. Estoy pensando en cómo se corrompe a los niños en las escuelas públicas, planteándoles “reflexiones” para que acaben concluyendo y pensando lo que esta mala gente quiere: que la iglesia es muy mala, que los curas son unos pederastas, que no hace falta Dios porque uno mismo puede decidir qué está bien y qué está mal, que Jesucristo es un mito porque como personaje histórico no existió, etcétera.
    También diré que mucho cuidadito con la trampa de que pensamos y reflexionamos por nosotros mismos, que nuestros pensamientos son propios y no de otros, que es posible la reflexión personal y propia sin influencias ajenas. Al contrario, nos sesgan el pensamiento, nos dicen qué tenemos que pensar y además nos pensamos que lo hemos pensado nosotros, sin ser conscientes de que estamos pensando lo que un señor malo quiere que pensemos. Yo desconfío de todo “filósofo” de pacotilla que quiere hacerme pensar “por mi mismo” para que sea libre, pero que tiene que ser el el que me ayude a pensar. Mire usted, señor filósofo de pacotilla, yo pienso lo que me da la gana, no lo que a usted le da la gana que yo piense. Mire usted, señor filósofo, yo sé que usted puede sesgar y hacer trampas racionales para que llegue a su conclusión. Mire usted, yo pienso iluminado por el Espíritu Santo, no por lo que usted me diga, caradura. Esta gente tan lista y pensadora que se dediquen a reflexionar ellos mismos y que nos dejen en paz.
    La Iglesia, Jesucristo, los sacerdotes buenos, etcétera también hacen reflexionar, pero son reflexiones guiadas siempre a “alumbrar” la verdad, que la propia persona por sí misma pueda ver las cosas, sin decirle en ningún caso lo que tiene que ver, solo guiándola y acompañándola. Verdad y libre albedrío, libre albedrío y verdad son los dos componentes esenciales de la reflexión de verdad, que únicamente es la que proviene de dios y no del demonio.Y cuando la persona se ofusca, cuando rechaza a Dios, cuando se aleja de la Iglesia no se la deja tirada sino que se le sigue acompañando en ese proceso de alumbrar la verdad que dura toda la vida. Al más puro estilo socrático, dejando tiempo porque acostumbrar al ojo a luz cegadora de Dios requiere mucho tiempo. La verdad es la verdad y no la mentira (relativismos ninguno), pero tiene que ser la propia persona la que vea esa verdad, no podemos plantearle unas premisas para que siguiendo el orden racional que nosotros queramos llegue a las conclusiones verdaderas. Simplemente vamos dando pistas y claves para que la persona se acerque a esa Verdad, que no es nuestra porque nosotros no somos Dios sino que acercarnos a la gente a Dios que es la Verdad.
    Creo que han quedado claras las diferencias entre la buena y la mala reflexión, que no solamente es diferente en los fines sino también en los medios: una busca alumbrar la verdad, que la propia persona por sí misma descubra la verdad, la otra busca que la persona no piense por sí misma sino que siga una serie de pasos racionalmente falsos para que llegue a la conclusión que el caradura quiere y que evidenteme es falsa y espuria, simplemente beneficia al caradura, especialmente a su bolsillo.
    Saludos para todos, hermanos, y mil bendiciones para todos.

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