Un comentario sobre “¿Nos podemos engañar a nosotros mismos?

  1. Digamos que el hombre tiende hacia la autosuficiencia, que no es otra cosa que creer que por uno mismo se puede conseguir cualquier cosa. Como consecuencia, las decisiones que tomamos son “en conciencia”, es decir, porque yo así lo creo conveniente para mí. Da igual que esté bien o mal si decido que para mí es una cosa buena. A la porra lo que Dios nos enseñe, la Palabra, el Amor: yo decido porque sé mejor que Jesucristo qué está bien y qué está mal. Y no solo eso, sino que enseño a los demás mis propias conclusiones sobre el bien y el mal, porque Dios se equivoca (qué listo soy, cuántas cosas sé, qué misericordioso y tolerante soy con los demás, qué falta hace a los demás misericordia para ver el mundo como lo veo yo, rezaré por ellos, cuánto amor guardo al mundo; excusas para sedar conciencias, la propia y la de los demás).
    O lo que es lo mismo, “el mentiroso tiene que hacer un camino coherente con sus palabras, tejiendo a su vez más engaños y sosteniendo esa mentira, que le conducirá progresivamente a un mayor ocultamiento de sí mismo”. Mentira sobre mentira. Que Dios no me diga nada sobre lo que tengo que hacer, sobre mi conversión, sobre mi cambio interior. Porque el sordo que no quiere escuchar no tiene remedio.

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