Supongo que la mayoría sabe que “barbarie” significó en su origen “extranjero”. Eran todos aquellos que por su procedencia hablaban una lengua distinta al latín, por lo que los romanos les llamaban “bárbaros”. Lo que entendían de ellos no era más que “bar-bar-bar-bar”. Y de aquella experiencia, su origen.

Junto a aquella primera impresión fue surgiendo la idea de que esos pueblos vivían sin leyes y con malas costumbres. Como suele ocurrir, ante lo desconocido y la propia ignorancia no reconocida, lo mejor es inventarse historias. Suele ser más fácil hablar sin saber que callar. No sé por qué. Poco a poco los romanos, en cuyos circos batallaban gladiadores y entregaban a las fieras a los cristianos y disidentes, crearon la leyenda del bárbaro como salvaje. Un fenómeno similar al que durante el siglo XX ha sucedido con “nativo” e “indígena”.

Dicho lo cual, creo que hoy esta palabra ha virado hacia otros significados. Espero que no se utilice la palabra “barbarie” para referirse a “extranjeros” que matan con armas occidentales. No tendría sentido.

Y ya que estamos, aprovecho para recomendar dos libros en cuyos títulos aparece este término. El primero, de Henry. El segundo, de José Antonio Zamora sobre Adorno. Ninguno de los dos dejará indiferente, aunque no son fáciles. Y darán un vuelco a esa palabrita que, nuevamente, estamos cargando inapropiadamente de un sentido poco crítico y muy superficial.

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