Cosas sobre las personas cercanas

Escucho hablar de vez en cuando sobre si tal o cual persona o institución es cercana o está distante de la gente y de la realidad. Me pasa con mucha frecuencia, en parte por mi trabajo. Pero no fundamentalmente por él. Hoy muchos piensan que las instituciones, sean del tipo que sean, están más que alejadas de la vida común y corriente, del asfalto de la calle y de los agobios que parecen naturales al hombre moderno. Y creo que, en parte, no les falta razón, porque en las junglas modernas lo más común, por más cómodo, es tejerse el propio mundo en forma de caparazón que nos separe del resto, por ejemplo, mediante pantallas.

  1. Los cercanos, a mi entender, sólo pueden ser aquellos que reconozco como diferentes. E igualmente los lejanos. Lo que ocurre es que en el caso de los primeros hemos hecho un esfuerzo de aproximación, desconocido en el caso de los segundos. Es decir, parto de que todas las personas están de por sí aisladas en sus mundos modernos, cada cual con sus cosas.
  2. Los verdaderamente cercanos han superado la ilusión de la proximidad moderna, la fantasía que generan las ciudades repletas de gente, la fragilidad de quien se conoce sin reconocerse, la maldición del egoísmo y del individualismo. Y todo eso supone un gran esfuerzo, insisto en la palabra, que no doy por supuesto en ningún caso. Conozco muchos que ya no me conocen, por poner un ejemplo. Conozco muchos a quienes he perdido la pista. Y esto sucedió por algo concreto, quizá por nada incluso.
  3. Los cercanos, por seguir con el apelativo, mantienen sin embargo las distancias prudentes. Nada tiene que ver esto con la masa de Ortega, ni con el conglomerado de Ikea, ni con las banalidades relativistas del pensamiento uniforme y único, ni con las modas de libertas que arrastraron jóvenes de generaciones enteras, cada cual a su manera. La cercanía sólo se puede dar entre personas que se reconocen como tales, y como tales por lo tanto infinitamente distantes. El milagro se da entonces en la cercanía. Y es un milagro siempre.
  4. Esto no tiene nada que ver, por lo tanto, con las personas amables, las que acogen bien, las que lo dan todo, las que hacen cosas extraordinarias, las que son simpáticas. Cercano y simpático no es lo mismo. Todo ello, en verdad, facilita las cosas. Pero la cercanía sigue siendo algo distinto, una especie de conexión, de enlace, de punto de encuentro.
  5. Sobre esto quisiera decir algo más. Las personas son cercanas porque tienen la posibilidad, o no, de encontrarse. Siempre, si te das cuenta, fuera de sí mismas. Esto es, vaciándose de algún modo y por un misterioso olvido de sí mismo. Quizá simplemente momentáneo, que evocará para siempre el recuerdo. Todo encuentro se da gracias a que fuera de la persona existe algo que lo hace posible. Probablemente sea el otro, que llama con su rostro, el motor de todo ello. Y nuestra curiosidad y búsqueda.
  6. Nace por tanto de lo que llevamos dentro, de esa especie de deseo y anhelo por descubrir realmente que no estamos en nuestro mundo, que lo propio puede ser compartido, de derribar los muros y fronteras en los que los grandes pensadores se vieron encerrados, esos muros y fronteras del yo, del mí mismo, del solipsismo encarnado, del atroz egoísmo. No hay encuentro de otro modo.
  7. Y ese encuentro se vuelve súplica. Se es cercano a alguien por necesidad, pidiendo una y otra vez que el otro no deje de ser quien realmente es para poder conocerlo, de suplicar que no se sumerja de nuevo ni se esconda en sus apariencias, de querer reconocer la propia humanidad más allá de mí mismo.
  8. Y también nace de la curiosidad, de las diferencias, de ser capaz de valorar al otro tal y como es, por muy diferente que sea. Qué maravilla. La cercanía de la que hablo es una cara indispensable del amor vivido, no pensado, de la ruptura con toda ideología, de la aventura de la duda, del descubrimiento, de la temeridad más absoluta. Es la posibilidad de que otro muestre más de lo que conocemos, de desvelar el misterio en nosotros mismos encerrados.

Mañana, y entra en programa, reflexionaremos en clase sobre la cercanía, sobre su posibilidad. ¿Qué quiere decir el mundo cuando habla de si tal o cual persona o institución es cercana al mundo? ¿Queremos decir que para ser cercano alguien tiene que dejar de ser él mismo, o queremos que sea quien es para así conocerlo? ¿La cercanía es el esfuerzo que tienen que hacer otros para saciar nuestro egoísmo, o un reto mucho más presente de lo que queremos pensar y ver? ¿La cercanía es la uniformidad, la apacible comodidad en la que todos son iguales, piensan igual, quieren lo mismo, o es una especie de respeto, valoración y estima del otro?

Creo que la dignidad de las personas tiene que ser reconocida. Es decir, que nace de la palabra y del gesto ajeno, de algún modo, aunque sea algo que toda persona lleva en sí mismo.

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