Las “tarjetas negras”. Una oportunidad para el bien.

Me pregunto qué es lo que haría yo con una tarjeta negra, de esas que salen ahora en los medios y que van a llevar, espero, a los tribunales a unos cuantos. Ojalá se investigue bien. Ojalá alguien tire de la manta de una vez.

¿Qué haría si me dan una de estas tarjetas? Lo primero de todo, ¡extrañarme! En mi mundo, que no es el mismo que el de estos señores por lo que se ve, no se entregan tarjetas de este tipo, con unos saldos que a mí me parecen astronómicos. Me pregunto por qué razón no nos extrañamos todavía más, por qué no nos resulta insoportable la corrupción, la mentira, el mal del mundo, la injusticia, la división deshumanizada entre el norte y el sur, la clasificación de personas por estratos sociales, culturales, económicos… ¡Cómo no extrañarme ante tanta barbarie generada por la modernidad dentro de la cultura que impulsa!

Creo que todo lo que viene después se reduce a si la cojo o la rechazo. Un simple paso. Un paso minúsculo, pequeñísimo. Creo que el hecho mismo de cogerla supone aceptar el sistema, tal y como está. Sin interrogarse nada más, sin ninguna pregunta, sin ninguna reflexión. Aceptar la tarjeta supondría pasar a ver el mundo desde una perspectiva -la de los ricos, la del poder- a la que no estoy acostumbrado.

El único argumento que se me ocurre para aceptarla sería la normalidad. Dar por normal en mi entorno que eso exista. Como tantas otras cosas. Debe ser que en algunos mundos, que no son el mío, esto es completamente usual. Y me escandaliza. Me horroriza pensar que los que viven instalados en el poder una y otra vez dan la espalda a los demás, sin ninguna vocación política, sin honestidad, riéndose en su cara, disponiendo de medios con los que cualquier familia, por grande que sea, dejaría de lado la escasez, la preocupación por llegar a final de mes, el dolor de no poder dar un futuro mejor a sus hijos, la angustia de la existencia que coarta sus libertades, derechos y amenaza su dignidad.

Lo dicho. Una vez aceptada cualquier palabra que se diga no tiene, al menos para mí, mayor sentido. Todavía alguno se escuda en que le dieron orientaciones precisas al respecto, ¡como si fuera normal!

Ojalá que alguno haya compartido algo de lo que recibió. Ojalá haya percibido alrededor la carencia, la necesidad, la pobreza, la crisis en las personas, en su vida y en su historia. Ojalá se haya preocupado. Ojalá se haya preguntado si lo que está haciendo está bien.

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Un comentario sobre “Las “tarjetas negras”. Una oportunidad para el bien.

  1. Otra muestra más del fracaso de la banca pública. Los políticos tomando las cajas partidos políticos, patronal y sindicatos. Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra y se hizo el silencio durante años. Saqueo, robo al por mayor, conceder créditos a los amigos. Al estilo Pujol, la cosa nostra, la pasta de los currelos.
    Frente a la banca pública, corrompida hasta el tuétano, en manos de politicastros y sindicalistas, tenemos la banca privada, decente, controlada por los accionistas y por el Banco de España. Control privado y público. Como Dios manda.
    ¿Qué problema hay en tarjetas black? ninguno. En serio, es práctica habitual en empresas y no supone que vayan a la quiebra. Dos cosas importantes: A) tienen un límite máximo de gasto conocido y reconocido y B) se fiscalizan los conceptos de gasto. Todo lo contrario de lo que sucedía.
    “Ojalá que alguno haya compartido algo de lo que recibió. Ojalá haya percibido alrededor la carencia, la necesidad, la pobreza, la crisis en las personas, en su vida y en su historia. Ojalá se haya preocupado. Ojalá se haya preguntado si lo que está haciendo está bien.”
    La gente que tiene el vicio de robar, que no son los pobres sino gente sin ninguna consideración por los demás y de todos los colores y estratos, no pregunta porque sabe que nadie se deja robar voluntariamente. Habrá que darles las gracias porque dieron una limosna de 20 euros al mendigo que tenían al lado del cajero donde efectuaban el latrocinio. Ay, qué buenos y considerados son ustedes. Qué generosos. La única crisis es en “su persona”, la crisis de ser un pobre desgraciado para no darse cuenta de lo que implica la responsabilidad y más aún en un puesto tan importante.
    PD: este es mi punto de vista. Insisto en que es una opinión, una percepción de una realidad de la que sólo conocemos, otra percepción mía más, cuatro cosas.

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