Sostenemos con nuestras vidas nuestros verdaderos argumentos

Hacemos lo que hacemos, dice un gran profesor del que sigo aprendido, porque pensamos lo que pensamos, es decir, porque creemos lo que creemos. Nuestra vida, nuestra acción está sosteniendo, y al mismo tiempo siendo sostenida, por palabras y argumentos que en su momento creímos. Quizá sin demasiado examen.

Pero además, por mucho que hablemos, también se produce ese famoso caso en el que nuestras acciones demuestran que no estamos ni siquiera creyendo lo que decimos. Esto es, pronunciamos unas palabras poco menos que vacías mientras que nuestra existencia se apoya en argumentos en contra. Son las famosas contradicciones, no tan fáciles de descubrir en todos los ámbitos de la vida, y que nos demuestran que ni siquiera nosotros aceptamos aquello que no pocas veces queremos que otros aplaudan, abracen, hagan. La historia de la humanidad, sin mucha delicadeza ni comprensión de la debilidad de cada persona, ha despachado palabras en absoluto suaves para designar a quien vive así: hipocresía, incoherencia, falta de autenticidad… Y otras más duras, que silencio, llegando a tomar por falso y mentiroso a quien no hace lo que dice.

Siendo así, y sin negarlo, nos hace falta un paso más allá. El de la limitación propia de toda persona, el de sus carencias, el de su finitud y contingencia, el de sus miedos, tan humanos como sus palabras, el de su historia, que suele ser un misterio insondable.

Pero ya que estamos, lo que no se puede sostener ni tolerar es que alguien se apropie la verdad del otro juzgando sus vidas desde su más absoluta ignorancia. Si alguien quiere hacer bien, que modere sus palabras y se acoja con inteligencia a la prudencia que supone estar ante el otro como ante un verdadero misterio del que estamos infinitamente lejanos por nuestras propia situación en el mundo.

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Un comentario sobre “Sostenemos con nuestras vidas nuestros verdaderos argumentos

  1. (A) En esta vida hay dos cosas:
    1) Palabras, valores, ideales, creencias, ideología. Morralla, palabrería.
    2) Acciones, hechos.
    Nuestros valores, lo que somos, se define por lo que hacemos. Seremos buenos si nuestros actos son buenos; justos si practicamos la justicia; solidarios si ayudamos al prójimo. “Por sus hechos les conoceréis”. De nuestros valores no hace falta hablar, ya hablan nuestras acciones.
    (B) Incoherencia entre lo que decimos y hacemos. Cualquiera que haga proselitismo, es decir, vaya por ahí diciendo que tal o cual cosa es mejor que la otra y los demás DEBEN HACER lo que está diciendo, se le exigirá que se aplique el cuento: queda muy feo escuchar a un tío hablando de los valores de ser vegetariano mientras come carne. No me digas que no tengo corazón por comer carne y que debo dejarla; cuando tú la dejes me llamas.
    (C) ¿Debemos señalar a la gente sus incoherencias? Yo creo que no, excepto si se ponen muy pesados y nos dicen: “tú eres malo por no hacer lo que yo digo”. Entonces se responde: “tan malo como tú que no te aplicas el cuento”.
    (D) Debates morales, dilemas morales. Sí tenemos que defender nuestras ideas y creencias, y refutar las creencias de los demás. Eso es la democracia y el diálogo. Eso sí: RESPETANDO a la persona. Se debate sobre ideas y se juzga la virtud moral de las mismas, en ningún caso se indaga a lo SÁLVAME si nuestro interlocutor bebe, fuma o esnifa farlopa: ” lo que no se puede sostener ni tolerar es que alguien se apropie la verdad del otro juzgando sus vidas desde su más absoluta ignorancia”.
    (E) Juicios a los demás. Se hacen: vemos todos los vicios del mundo, porque existen, pero no en nosotros sino en los demás. Gravísimo error. Básicamente porque nosotros somos quienes podemos cambiarnos a nosotros, en vez de cambiar al vecino.
    (F) ¿La gente buena, virtuosa, justa y sensata juzga a los malos? NO por lo general. Más bien sucede que la gente mala juzga y condena al que hace el bien. Ejemplos:
    – “Eres un pringao por irte a un campamento con chiquillos”.
    – “Eso de ayudar a los pobres es perder el tiempo porque tú eres un ricachón”.
    – “Eres tonto o tonta por no mantener relaciones sexuales con tu novio/a”
    – “Deberías divorciarte de tu marido”
    (G) Más bien los buenos actos de las BUENAS PERSONAS son prejuzgados y condenados, siendo condenado el hacedor del bien a burla y escarnio público. Y si alguien sale en defensa del hacedor del bien es un intolerante que juzga. Venga ya. ¿Quién eres tú para decirle a una muchacha buena, casta y decente que fornique con su novio y que no sea tan “estrecha”? ¿Y para llamar hipócrita al rico que es solidario?
    (H) Hay que ser VALIENTES, defender que hay cosas que están bien y otras que son horribles. Sin miedo, que para eso somos demócratas, libres y justos. Debates sobre IDEAS respetando a las PERSONAS, es decir, sin entrar a valorar cuáles son sus acciones y si son o no morales. Con todos mis respetos hacia los SOFISTAS, demagogos, pusilánimes y defensores de lo políticamente correcto. Democracia, amigos, no todo el mundo va a creer lo mismo que vosotros.

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