Sobre las apariencias, que no siempre engañan

Si las apariencias no siempre engañan es porque tienen la posibilidad de mostrar lo que hay realmente, lo que es. De hecho, todo se muestra de un modo u otro, todo aparece ante nosotros, de todo aquello al menos de lo que tenemos noticia. Las apariencias, sin embargo, también tienen el sospechoso privilegio de servir de ocultación, de mentir, de aparentar superficialmente, de no responder a lo que realmente hay. No sólo en los asuntos humanos, también encontramos estas formas en la misma naturaleza, por ejemplo en las plantas llamativas que resultan venenosas o en las manchas llamativas de muchas especies reptiles altamente peligrosas.

Cuando lo bueno se presenta como malo, o hacemos esa lectura, o cuando lo malo se presenta como bueno, o así lo interpretamos, hay un problema serio en cuestión. ¿Cómo aclararse, cómo discernir, cómo descubrir lo que realmente hay?

  1. Prudencia y precaución. La primera lección es la de no aceptar, sin más y sin reflexión, aquello que tenemos ante nosotros. Vamos demasiado deprisa como para vivir intensamente todo, con la intensidad que la vida misma, y lo que nos va en juego, merecería la pena. Las clases se terminan demasiado pronto a veces, como también el fin de semana parece ser más corto a medida que el curso avanza. En muchas ocasiones necesitamos más tiempo del que tenemos, y no hacer caso a esto nos llevará a la mayor de las imprudencias y a correr riesgos innecesarios. De hecho, ya lo hemos hecho.
  2. Revisar los prejuicios. Cada vez me parece más importante pensar aquello que me hace pensar, aquello que ya tengo antes de adentrarme en una cuestión nueva o en un tema actual. Estas ideas previas contaminan toda la escena, muchas veces la ideologizan y separan a unos y otros por razón de sus creencias antes de escucharse. Creo que resuelven problemas sin acercarse verdaderamente al núcleo de su problematicidad, sin acoger libremente al otro.
  3. Diálogo y búsqueda. Hay que indagar, recibir más información, examinar con cautela, cuidado, y a ser posible junto a otras personas implicadas igualmente en el asunto. Todo diálogo es encuentro entre personas, aunque no creo que todo encuentro aporte en ocasiones nada mejor que el diálogo en sí, que la prueba y confrontación de los discursos. Como ya sabemos, los diálogos no pocas veces están contaminados con anterioridad.
  4. Confrontarlo con otros discursos. Buscar más opiniones que puedan arrojar algo de parecido o diferencias. Dar un paso más allá de lo primero, en la búsqueda de su sustento, de su fundamento. Hoy mismo he hecho la prueba en clase con los chavales más jóvenes que tengo y ellos mismos se dan cuenta, sin razonarlo, de que detrás de lo que hacemos -y mostramos a otros- puede haber razones múltiples no siempre igualmente evidentes. Y son estas profundidades aquello que dan sentido a lo que aparece ante nosotros.
  5. Respeto. No se ve lo hondo, ni se descubre el misterio a golpe de bisturí y mucho menos a martillazos. Pretender eso es destruirlo todo. También hay que respetar, de algún modo, las apariencias. Por ejemplo, detrás de un engaño puede haber una historia de heridas que bien explica lo que sucede ante nosotros, y que tratar de cualquier modo significa nuevamente volver a herir, esconder aún más. Unas veces se trata de acoger lo que hay, sea como sea, ayudando al otro que se muestra como buenamente puede, desconociéndose incluso a sí mismo, y en otras el respeto se expresará con más preguntas que juicios, incluso sin juicios sobre la otra persona.
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3 comentarios sobre “Sobre las apariencias, que no siempre engañan

  1. Hablemos de un tema de rabiosa actualidad, que a nadie deja indiferente: el feminismo. Apliquemos los sabios, doctos y siempre prudentes consejos del hermano y compañero Josefer.
    1) Prudencia y precaución. ¿Igualdad entre seres humanos, independientemente sel sexo? ¡Claro que sí! ¿Es realmente eso lo que el feminismo nos vende? Tendremos que analizarlo. De buenas a primera no podemos decir que sí ni que no.
    2) Revisar los prejuicios. El feminismo es la igualdad de oportunidades y la igualdad ante la ley de hombres y mujeres. El feminismo siglo XXI, el de femen, el de las tipas que profanan iglesias, lanzan sujetadores y gritan “fuera rosarios de nuestros ovarios”…¿Es realmente el feminsimo que se atiene a nuestra premisa, es decir, a nuestro prejuicio?
    3) Diálogo y búsqueda. Analicemos sus soluciones: ideología de género; el sexo es una construcción cultural, luego se puede cambiar de sexo biológico; vivimos en un patriarcado; la mujer no necesita del hombre para complementarse y formar familia y viceversa, luego valen las prácticas homosexuales; los hijos se pueden formar sin necesidad de otro “cónyuge”, simplemente hay que localizar la técnica científica adecuada (viva el capitalismo darwinista); la mujer puede abortar, es un derecho fundamental. Todo aquel que cometa la osadía de cuestionar estos principios básicos es un machista, retrógrado y miembro de la casta patriarcal que rige el sistema.
    4) Confrontarlo con otros discursos. Mujer y hombre, la naturaleza o Dios nos creó. Nos necesitamos, somos complementarios. El hombre sin la mujer no es nada, la mujer sin el hombre lo mismo. La familia nace del amor entre hombre y mujer, para siempre, incondicional, cuando se gane dinero y cuando vengan las quiebras, en tiempos de lozanía y de decrepitud. En el hotel de vacaciones y en el hospital. Los hijos serán amados y queridos, aunque tengan síndrome de down, sean toxicómanos, genios de la literatura o empresarios de éxito. Para siempre y por siempre, da igual la coyuntura.
    5) Respeto. Tanto la progre de Femen que lanza sus bragas y su sujetador sobre el obispo como la mujer que decide no abortar a su hijo con espina bífida o síndrome de Down merecen respeto, independientemente de sus actos. Son seres humanos, hijos de Dios, con sus aciertos y equivocaciones. Respeto a todas las personas; ahora bien, hay que cuestionar las ideas, los mensajes, las palabras, los discursos. El feminismo progre de aborto ha de ser sometido a crítica porque únicamente desde el pensamiento crítico y el diálogo se llega a la verdad. Lo que no quita para que faltemos al respeto a las personas equivocadas que abortan a sus hijos con síndrome de Down, profanan iglesias o insultan y humillan a la madre que lleva a sus hijos a catequesis. Ojo. No confundamos el pecado con el pecador.
    Gracias Josefer por tus sabios consejos. Apliquemos estos principios de análisis a cualquier objeto de estudio, desde el respeto a las personas (nunca enemigos) y el diálogo, pero llamando al pan, pan, y al vino, vino; diciendo las cosas claras, sin medias tintas, sin cobardía.

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  2. “Cuando lo bueno se presenta como malo, o hacemos esa lectura, o cuando lo malo se presenta como bueno, o así lo interpretamos, hay un problema serio en cuestión.”

    1) Amor responsable, eterno, con una única persona y para siempre, abierto a la vida, donde se comparta todo (vs. separación de bienes, yo voy por mi cuenta por si acaso me desplumaras o desplumases…). Amor incondicional, por siempre y para siempre, cuyos frutos sean unos hijos que puedan sentirse amados y respetados. Cosa BUENA leída como MALA. “Ale, eso es de curas carcas retrógrados…”

    2) Pseudoamor, instinto, hedonismo, fornicación, anticonceptivos. Ten novio o novia y mantén relaciones sexuales, que es parte del amor. Y lo mismo con el siguiente y con el siguiente y con el siguiente. En la escuela (pública o católica) te enseñaremos que todo es válido si uno lo desea, que se debe mantener relaciones porque para eso se han inventado los condones, que Dios es un carca y un retrógrado por meterse en la vida de los jóvenes. Cosa MALA leída como BUENA.

    3) Jóvenes que buscan la castidad y dan testimonio de su experiencia son tildados de moralistas, retrógrados, carcas y culpables de las ETS y embarazos no deseados. Que se metan en sus vidas, que no digan nada a los demás (que ya de eso se encargan la sociedad, la TV y Durex).

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