Despertar preguntas

Hay que ser muy valiente para preguntarse de verdad algunas cosas. Muy valiente. Lo cómodo, como decían ya muchos otros antes que yo, es vivir aposentado en las opiniones de los demás, en sus creencias y opiniones, en sus gustos y elecciones, que tampoco saben bien de dónde vienen. Al final no sabemos, según esta cadena de comodidades, quién piensa, si alguien pensó, ni qué hacemos aquí. Enfrentarse a esas preguntas nos dejan realmente solos en algunas ocasiones, o quizá la soledad es la que puede llevarnos a ellas. 

No es un paso que se pueda dar en cualquier momento. No nace sin más de la reflexión académica, ni puede ser fruto de un trabajo que puedo presentar. Algo sucede. Bien extraordinario, tanto como para cautivarme por completo. Bien porque en lo ordinario se produce una profundización, ruptura, inquietud. Lo digo porque no hay que esperar ni a lo sublime ni a lo catastrófico para darse cuenta de que el mundo puede ser visto desde otro prisma que desmantele las seguridades en las que he ido construyendo mis propias mentiras. Pero hay que ser muy valiente para no retroceder cuando algo así me planta cara, si es que se puede. Quizá retroceder no, porque no somos dueños del tiempo. Habría que hablar de “olvidar”, “mirar para otra parte”, “volver a quedarse dormido”. Como en aquella escena de Matrix que recuerda al Éxodo en la que uno de los liberados pide regresar a su esclavitud y a ser esclavo ignorante e inconsciente de todo lo que pasa en el mundo.

  1. Hay que ser muy valiente para preguntarse por la vida, seriamente. ¿Qué hago aquí? ¿Qué pasó con todos aquellos que vivieron en el mismo mundo que yo? ¿Qué tengo que hacer? ¿Dónde tengo que ir? ¿Cuál es mi sitio? ¿Por qué todo parece tan frágil? ¿Por qué no puedo darme la vida a mí mismo? ¿Por qué soy como soy, por qué soy una persona, quién pensó algo así? ¿Quién pudo hacer que esto se pusiera en marcha?
  2. Hay que ser muy valiente para preguntarse por el amor y la felicidad. No es cosa de mensajes estúpidos y melifluos en las redes sociales. Es una cuestión honda, demasiado interesante, que me afecta más de lo que quisiera. Tanto si soy amado como si no, tengo preguntas. Tanto si amo como si no, tengo preguntas. Si he descubierto mi capacidad para amar, y su medida y desbordado propósito en ocasiones, como si no tengo todavía ni idea sobre lo que me sucede cuando empiezo a querer. Hay que ser muy valiente para buscar la verdadera felicidad sin quedarse en los primeros estadios, sustituyendo continuamente la vida por el momento presente o lo mejor por lo que me parece bueno o ser capaz de esforzarse para llegar a lo que creo que es verdaderamente lo bueno para mí y para otros. 
  3. De la libertad se habla, pero hay que ser muy valiente para preguntarse sinceramente si soy o no soy libre para tomar mis decisiones, y apechugar con la libertad finita sin hablar siempre de deseos. Hay que ser tremendamente valiente para dar el paso a la realidad concreta sin perder el ideal, seguir hablando de libertad cuando se descubren límites, debilidades, carencias, necesidades, heridas. 
  4. Hay que ser muy valiente para preguntarse por los demás, y reconocer que no estamos ni solos ni en el centro del mundo. Preguntarse significa hacerse cargo, en alguna medida, de lo que pasa. ¿Quién es mi prójimo? ¿A quién me acerco? ¿Cómo trato a los demás? ¿Qué puedo hacer por ellos? ¿Son como yo o son distintos? ¿A quién estoy unido, hago mis grupos o soy parte de la humanidad?

Y tantas otras cosas, que no menciono por prudencia, pero muchas de las cuales están implícitas en todo eso que he dicho. Me pregunto por la muerte, por el mal. Se me encoge el corazón ante la barbarie, ante la indiferencia, ante la injusticia, ante el egoísmo. Pero más aún ante el bien, ante lo eterno, ante el misterio presente, ante la capacidad de dialogar, ente las preguntas. 

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3 comentarios sobre “Despertar preguntas

  1. Dios es el centro y el perímetro de la circunferencia de la vida. Todo está dentro de Él; nada cabe fuera, incluyendo el mal, porque es imposible. El mal es el resultado de un mal uso del libre albedrío, que es un bien grandísimo. Jamás Dios, mientras vivamos, nos quitará la libertad. Pero Dios, pese a que nos equivoquemos, nos da la oportunidad de redimirnos: Jesucristo. Dios pretende sacar del mal el bien. El mal, la muerte, el sufrimiento, el dolor son planes de Dios para que podamos servirle ayudándonos a nosotros mismos y al prójimo, cosas imposibles salvo con Dios y por medio de su Espíritu.
    La Iglesia nos pone en contacto directo con el redentor a través del sacramento de la confesión, el sacramento del amor justo y misericordioso. Justo porque es justo que si hemos hecho daño a los demás y a nosotros mismos paguemos por ello, como por la ley de los hombres, que busca aproximarse a la idea de justicia, el asesino paga por su crimen o el ladrón por su robo. Y somos culpables, es nuestra culpa, no la del vecino. Nuestra y no vuestra o suya. Por mi culpa, por mi culpa y por mi gran culpa. Pero el amor es misericordioso. La pena nos redimen, es una medicina, una forma de reparar el mal que hemos hecho; no es un castigo, una venganza. Libremente confesamos nuestra culpa y aceptamos la pena. Si robamos Dios no nos dirá que nos cortemos la mano para ser perdonados, sino que confesemos nuestro robo ante el sistema de justicia de los hombres y que restituyamos el dinero robado. Y una vez hecho eso seremos perdonados. “Ve y no peques más”…
    Pero… Ay de los hombres que, siendo culpables (todos lo somos), no reconozcan su culpa y no puedan convertirse al Evangelio. Aquellos que conociendo las enseñanzas de la Iglesia las rechazan, serán juzgados tras su muerte por todos sus pecados. Allí tendrán que dar cuentas ante el Altísimo por todo el mal que han hecho y sus pecados les condenarán al infierno. Terroristas, asesinos, ladrones, fornicarios, maltratadores, violadores que hoy ríen y se enorgullecen de su estilo de vida, mañana llorarán y sabrán qué es el llanto y el rechinar de dientes. Llorarán como el rico que no daba al pobre ni unas migajas. y no podrán avisar a sus correligionarios de pecado, porque avisados están por la Iglesia, los catequistas, los sacerdotes y otros servidores del bien a los que tanto desprecian.
    La libertad, amigos, no es el libre albedrío. Todos los hombres disponen del libre albedrío, a excepción de algunos enfermos mentales u otros hermanos con
    profundo retraso mental, o quizá también dispongan pero en menor grado; solo son libres los hacedores de la Verdad. La libertad es conocer la verdad, conocer qué dice la Iglesia porque lo que dice la Iglesia es el conocimiento de la Verdad acumulado durante 2000 años, atesorado y compartido generosamente, con los católicos y no católicos, para que creamos esas palabras que son la Palabra de Dios y el mundo pueda salvarse. Pero se niega que las enseñanzas de la Iglesia sean las enseñanzas de Dios y así es imposible salvarse. Conocida y aceptada la Voluntad de Dios, podremos ser libres, actuando según la ley del Amor.

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  2. “La libertad es conocer la verdad, conocer qué dice la Iglesia porque lo que dice la Iglesia es el conocimiento de la Verdad acumulado durante 2000 años, atesorado y compartido generosamente, con los católicos y no católicos, para que creamos esas palabras que son la Palabra de Dios y el mundo pueda salvarse”.
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    La libertad es no ser esclavo de ninguna moral, y menos de la de los jerarcas de la Iglesia, sólo preocupados en reprimir a los jóvenes para que no mantengan relaciones sexuales antes del matrimonio. La iglesia de base, postconciliar, tolerante, abierta, plural, con sensibilidad hacia los pobres, ecuménica y de raíces evangélicas acepta a todos: ateos, gays, librepensadores o anticapitalistas. Los leprosos del siglo XXI. No les pide la Iglesia de base que cambien sus ideas, todas igual de respetables, sino que hagan el bien al prójimo, al pobre, al que no tiene. Da igual qué se haga si lo que se hace es el bien a los pobres, a esos olvidados por el sistema capitalista y por los obispos. Dios nos quiere a todos independientemente de lo que hagamos y nos pide que menos preocuparnos por cumplir o no cumplir los mandamientos y más atender a los pobres que se mueren de hambre.

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  3. Querido Lucas, voy a hacerte unas aclaraciones públicamente, para ayudarte a discernir el bien del mal (sé que tienes buena intención). Vamos allá:
    * “La libertad es no ser esclavo de ninguna moral, y menos de la de los jerarcas de la Iglesia”. La libertad es elegir libremente el bien, aceptar la moral de Jesucristo, en su totalidad, no solamente la parte que nos conviene. No somos esclavos, Dios no nos obliga a elegir el bien, sino que nos da a conocer el bien para que lo aceptemos, sin presiones, por voluntad propia. Y cuando elegimos el mal Dios nos ofrece su misericordia, su perdón, eso sí, únicamente si estamos arrepentidos.
    * [..] “Los jerarcas de la Iglesia, sólo preocupados en reprimir a los jóvenes para que no mantengan relaciones sexuales antes del matrimonio”. El objetivo de la Iglesia es dar a conocer la Voluntad de Dios, que no es otra que el Amor. ¿Se aman los novios, cumpliendo la voluntad de Dios, si mantienen relaciones sexuales? NO. Así de claro es Dios. Y su voluntad es la castidad. Su no voluntad, la voluntad de Satanás, que tiene también deseos y apetitos, es la fornicación. La Iglesia ha de decir a los jóvenes lo que Jesucristo dice: no fornicad, no contaminad el amor, amaos y sed puros, sin lujuria. Sin deseos impuros. “Habéis oído que se ha dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer con lujuria ya ha cometido adulterio con ella en su corazón”. (cf. Mt 5, 27-28). Está claro que los jóvenes novios y no novios desean, y con perdón, “follar”, estén o no estén enamorados, pero el amor de Dios es no comercial, no entiende las normas de este mundo. Todos hemos sido adúlteros, ahora bien, podemos reconocerlo y cambiar o enorgullecernos de nuestro adulterio. De nosotros depende.
    * Opones, contrapones, obligas a elegir entre un bien y otro bien, entre la mano derecha o la izquierda, entre el pulmón derecho o el izquierdo, entre atender a los pobres y velar por la salud moral de los jóvenes, tentados con el pecado de la fornicación. Las dos cosas son importantes. No son contradictorias. Satanás sí que se dedica a la división, a decir esta cosa que os dice vuestro Señor es importante, la otra es una tontería. Que no nos engañe Satanás, amigos.
    * Vuelves a dividir a la Iglesia entre la base y la jerarquía. Falso. La Iglesia no tiene grados, gente más importante que otra. “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos” (cf. Mc 9, 38). Que cada uno tengamos una función no quiere decir que la función del obispo sea más importante que la del laico, o la del Santo Padre más importante que la de los obispos. Estamos unidos por Jesucristo, no nos separes, no dividas.
    * Ofreces adjetivos para la Iglesia, por citar algunos: 1) “Tolerante”. La Iglesia, tolerante, sí, con los pecadores. O sea, misericordiosa, quiere y cree que se puede salvar. Todos somos pecadores. Al inicio de la Santa Misa así lo reconocemos. “He pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión”. Ahora bien, es INTOLERANTE con el pecado; Jesucristo viene a liberarnos de pecado y nos exige la perfección: “Sed perfectos, como mi Padre Celestial es perfecto” (cf. Mt 5, 48). La Iglesia ha de dar a conocer únicamente la Verdad, no puede enseñar a los fieles enseñanzas que, en vez de provenir de Jesús, son las mismísimas enseñanzas del diablo. 2) “Plural”. Pluralísima. Porque muchos son los talentos concedidos por el Espíritu Santo. Simplemente hay que echar un vistazo a las órdenes religiosas, parroquias, etcétera que conforman la Iglesia Católica. Ahora bien, la pluralidad de cosas buenas no supone la PLURALIDAD de ENSEÑANZAS BUENAS y MALAS. 3) “Con sensibilidad hacia los pobres”. Por supuesto. Y no únicamente para darles pan, sino además para darles el pan para el alma: Jesucristo. Los pobres no van a las sedes del PP, del PSOE, de PODEMOS o de la UGT, van a Cáritas, a que les den de comer y, los que quieren, a que les hablen de Jesucristo. Y dejo de enumerar las obras hechas por los pobres porque no acabaríamos.
    * “La iglesia de base […] acepta a todos: ateos, gays, librepensadores o anticapitalistas.” Yo diría así: LA IGLESIA (SIN BASE, CATETOS O HIPOTENUSA, QUE LA IGLESIA NO ES NINGÚN POLÍGONO, NI LOS CRISTIANOS SOMOS POLIGONEROS) acepta a todos los pecadores para que se salven por el Evangelio. 1) Ateos. Ateos, sí; ateísmo, no. Sencillamente porque el ateísmo es la negación de Jesucristo, de Dios. Luego hace imposible la salvación. Ahora bien, el viaje del ateísmo al cristianismo lleva su tiempo. Los ateos son acogidos, queridos y se les da a conocer a Dios para que, con el tiempo, le acepten en su corazón y pueda Jesucristo transformarlo. En ese tiempo, es evidente, pues no comulgarán ni se confesarán, pero leyendo la Palabra, orando con sus otros hermanos o contemplando la Santa Misa irán avanzado en su conversión. 2) Gays (y fornicarios, añadiría yo). Si la Iglesia rechazase a los gays y fornicarios, calculo que, como mínimo, un 25% de la población no tendría OPORTUNIDAD de salvarse. Falso. Dios rechaza las PRÁCTICAS HOMOSEXUALES y la FORNICACIÓN, porque provienen de Satanás y contaminan el amor. Y propone para ambos pecadores la misma solución: CASTIDAD. Es falso, y lo repetiré hasta la saciedad, que la Iglesia rechace o diga que sea pecado la orientación homosexual. Es una prueba que se presenta a algunas personas, el pecado es cometer prácticas homosexuales. Un homosexual cristiano se siente atraído hacia hombres, sin embargo, conocedor de lo que Dios quiere para él, mantiene la castidad. ¿O la Iglesia también rechaza a los heterosexuales fornicarios? Falso. Simplemente no quiere que se contaminen, que desprecien el amor verdadero. RESUMEN: La Iglesia, Dios, no quieren el PECADO, sencillamente porque es la causa de la esclavitud del PECADOR. Quieren al PECADOR, al esclavo, al drogadicto, libre de pecado, sin ser esclavo, sin estar atado a la droga del pecado. 3) Librepensadores. No sé si te refieres a los masones… 4) Anticapitalistas. ¿No es un religioso o un sacerdote un ANTICAPITALISTA PRACTICANTE? Los unos hacen voto de pobreza; los otros viven austeramente. No tienen dinero, ni propiedades, solamente lo justo para vivir. No se van de vacaciones (como muchos que hablan mucho de los pobres pero viven como lo que son, unos ricachos). Confundes el capitalismo con la mundanidad, aunque parte del capitalismo sea mundano (dinero, mujeres, sexo, prestigio, fama, ser alguien).
    * “No les pide la Iglesia de base que cambien sus ideas, todas igual de respetables, sino que hagan el bien al prójimo, al pobre, al que no tiene”. La Iglesia católica nos pide un cambio radical: nuestras ideas, opiniones, creencias… sobre el bien y el mal hemos de sustituirlas por la Voluntad de Dios, por la Palabra, por el Amor. No todas las ideas son respetables, lo siento: el matar judíos, como predica el nazismo, es asqueroso, inaceptable, irrespetuoso con la vida, no nos vale. ¿Podemos hacer bien al prójimo quebrantando la voluntad de Dios? NO. No vale irse a África con una ONG para ayudar, colaborar, comprometerse, etcétera si lo que se hace es repartir preservativos y realizar abortos en aras de la salud reproductiva, como propone la ONU. Sencillamente porque eso no es Amor al prójimo.
    * “Da igual qué se haga si lo que se hace es el bien a los pobres, a esos olvidados por el sistema capitalista y por los obispos.” 1) Los pobres, y lo hemos demostrado, no están olvidados por la Iglesia. 2) Lo importante es hacer la voluntad de Dios, seguir la ley del AMOR. Y dentro del AMOR están los pobres, nuestros enfermos, los niños abortados, las mujeres maltratadas, las víctimas de la guerra, etcétera.
    * “Dios nos quiere a todos independientemente de lo que hagamos y nos pide que menos preocuparnos por cumplir o no cumplir los mandamientos y más atender a los pobres que se mueren de hambre”. Por favor, ese es tu gran error. Es totalmente falso tu planteamiento. Es cierto que el amor de DIOS es INCONDICIONAL, pero de ahí a concluir que a Dios le da igual lo que hagamos… NO. Dios no puede PASAR DE LARGO viendo cómo nos morimos, somos infelices, sufrimos tontamente… por culpa del pecado. Y como nos ama, nos ofrece la salvación: JESUCRISTO, la REDENCIÓN. Rechazar los pecados y, por la gracia de Dios, salvarnos. Claro está: tenemos que arrepentirnos, ir y no pecar más, hacer penitencia para reparar el mal que hemos causado al prójimo, a Dios y a nosotros.
    PD: ¿Quién ama a DIOS? “El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama” (Cf. Jn, 14, 21). No desprecies la Palabra, la Voluntad de Dios que, tú lo sabes muy bien, es la que te ha enseñado la IGLESIA CATÓLICA. No contrapongas, hermano Lucas, la moral con los pobres. La moral cristiana, la voluntad de Dios, engloba a los pobres, por supuesto. No desprecies los sacramentos, los obispos, la oración o las Sagradas Escrituras que son la salvación para los pobres.
    PD 2: Rezaremos por ti, tienes buena voluntad pero te falta entendimiento y fe. Satanás se ha aprovechado de tu buena intención para ponerte contra Dios y su Iglesia, que es la que lleva a cabo su obra de Salvación. Agradeceré que te leas detenidamente estas apreciaciones, hermano Lucas.
    Un abrazo y que Dios te bendiga.

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