Seguir la guerra día a día

Gracias a los medios de comunicación modernos -con sus limitaciones y con los intereses de los que no están libres- podemos tener acceso a muchísima información diariamente. Hace no mucho la gente corriente y moliente no tenía capacidad de enterarse de lo que sucedía en el mundo y hacerlo a través de fuentes diversas. Hoy podemos seguir el conflicto entre Israel y Palestina en Gaza leyendo las versiones de unos y otros. También sobre lo que está sucediendo en Irak y el llamado Estado Islámico (EI). Sin olvidar las guerras en África, el reciente golpe de estado en una región del mundo que casi nadie conoce como es Lesoto. Seguimos día a día las batallas, los enfrentamientos. Nos dan a conocer el número de muertos, tenemos imágenes de la catástrofe, de la barbarie, de las masacres, de los asesinatos, de las degollaciones. Vídeos incluso. Esto que llaman también batalla mediática. 

Y así todos pueden opinar, juzgar, conversar, hablar. Pero hace falta que lloremos, que nos entre rabia, que no nos quedemos en la impotencia, que nos duela lo ajeno. Echo de menos las lágrimas, nuestras occidentales y desarrolladas lágrimas, exentas de opiniones y mudas ante lo que sucede, ante el horror y el terror del rostro de los niños, ante la debilidad de los más vulnerables que aguardan prisioneros en sus ciudades el peor de los destinos, ante las vidas inocentes sesgadas y determinadas de por vida a convivir, si sobreviven, con lo que no podrán olvidar jamás. También necesito llorar ante la pasividad de los gobiernos del mundo, que saben más que nadie, que pueden hacer más que ninguno, que están siempre como a las puertas… Llorar. Sin más. Sentimientos que encojan los corazones, que desgarren por dentro, que no normalicen, que no nos acostumbren, que no sirvan para adormecernos. Ojos que lloran, porque son ojos que están viendo, a diario, día a día, lo que sucede en el mundo. 

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Un comentario sobre “Seguir la guerra día a día

  1. 1º La realidad no se limita a la realidad televisada; existen muchas guerras de países que ni siquiera sabemos ubicar en el mapa por la basura de sistema educativo. 2º Los niños judíos no se merecen los misiles lanzados por Hamás, el terror de las bombas o los terroristas suicidas; los niños palestinos no se merecen ser bombardeados por el gobierno de Israel. 3º El Islam no es pacífico. Son sociedades como la España de Taifas. Olvídense de laicismo, profesión pública de la Fe, alcohol, preservativos y pornografía. Nada de púberes perdiéndose por los caminos del vicio de la mano de profes “modernos” que enseñan que el sexo no es pecado, que se puede fornicar (siempre con condón) porque el cuerpo está para eso. No verán carrozas del Orgullo Gay, ni la media luna sobre una bandera multicolor. Lo más light, lo más moderado es Marruecos y con eso está dicho todo. 4º La realidad de occidente sí que es, también, para echarse a llorar: la deshumanización del ser humano. A ver si además de la viga en el ojo ajeno, que no es poco gorda, vemos qué trato damos nosotros al ser humano en occidente.

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